Cuerpo de la Nota
Atlixco.— El aire de octubre comenzó a teñirse de presagio. Esta ciudad, acostumbrada al vaivén de sus flores y mercados, abrió de golpe un umbral hacia lo mítico: Catrinia, un espectáculo que no se conforma con narrar la llegada de los muertos, sino que los invoca, los hace danzar entre fuego, máscaras y sombras.
La noche promete convertirse en un viaje al Mictlán, ese territorio temido y reverenciado donde los espíritus deben cruzar ríos, montañas y cuchillas de obsidiana antes de descansar.