La discusión sobre el uso ético de la inteligencia artificial volvió a encenderse luego de que Google fuera acusado de habilitar Gemini en sus plataformas sin avisar a millones de usuarios. Para los demandantes, no se trata solo de un error técnico, sino de una señal de alerta sobre cómo las grandes tecnológicas gestionan la privacidad y el control de los datos personales dentro de sus propios ecosistemas.