Un ambiente de distensión se ha generado hacia el interior del PAN luego de que, hace unas pocas semanas, se ha producido un encuentro entre los exalcaldes de la ciudad de Puebla, Eduardo Rivera Pérez y Blanca Alcalá Ruiz, quienes habrían “limado asperezas” y en apariencia, pactaron un compromiso de que el panismo tradicional no ejercerá ningún bloqueo en contra la exedil priista, en caso de que busque una candidatura a un cargo de elección popular dentro de las filas del Partido Acción Nacional.
Eso no significa –por ahora– que se esté despejando la posibilidad de que Blanca Alcalá vaya a ser la próxima candidata del PAN a la alcaldía de la ciudad de Puebla.
Dicho encuentro habría servido únicamente para atemperar el malestar que el panismo tradicional ha expresado en contra de la idea de que figuras provenientes del PRI, como Alcalá, ocupen posiciones relevantes en el partido conservador.
Y en particular calmar el enojo que había de Eduardo Rivera hacia Blanca Alcalá por haber ingresado a la cúpula nacional del PAN sin que él hubiera intervenido, pues la expriista llegó por “obra y gracia” de Mario Riestra Piña, el actual presidente del PAN en el estado y uno de los principales rivales político –dentro del panismo— del exalcalde.
Más allá del resultado de esa reunión, lo cierto es que la búsqueda del próximo candidato panista a la alcaldía de la capital está en un terreno incierto, pues no se percibe la aparición de una figura fuerte –a excepción de Alcalá— que tengan el potencial, la experiencia y el arrojo de disputarle a Morena la elección del próximo año.
Por un lado, Blanca Alcalá no ha dado muestras de interés de querer contender nuevamente por la presidencia municipal de Puebla, misma que ya ocupó en el trienio de 2008 a 2011.
Se le ve muy activa en las tareas del PAN, pero no de la ciudad de Puebla, sino de distintas regiones del país.
Y por otro lado, no se ha logrado construir un acuerdo entre las diferentes corrientes internas del PAN, que incluya a El Yunque, para impulsar una hipotética postulación de la ex edil priista.
La única posibilidad que hay por el momento, es que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN decida tomar el control de la designación del candidato para la capital poblana, que se encargue de convencer a Blanca Alcalá y la postule para que busque por segunda vez el gobierno local de la Angelópolis.
El encuentro Alcalá–Rivera
Blanca Alcalá Ruiz, la primera alcaldesa de la ciudad de Puebla, abandonó su larga militancia de tres décadas en el PRI a principios de este año y en esa misma fecha, ingresó a la dirigencia nacional del PAN –sin afiliarse a dicho partido– para encargarse de las alianzas electorales del panismo con grupo políticos ajenos al universo albiazul.
En cuanto se hizo oficial la asignación de esa tarea, surgieron voces inconformes en el panismo tradicional de Puebla que no les gustó la llegada de la expriista.
Dentro de todas las expresiones surgió una que fue fundamental, la de Celia Bonaga Ruiz, actual diputada local.
Ella fue directora de Participación Ciudadana en el ayuntamiento de Puebla y secretaria privada de la presidencia, en el primero y segundo gobierno, respectivamente, de Eduardo Rivera Pérez como alcalde de la capital. Bonaga fue parte de su equipo de campaña cuando buscó la gubernatura y su entrada al Congreso local, fue parte de “una cuota” a miembros del grupo político del exedil.
Bonaga declaró –en enero pasado– que, si Blanca Alcalá se convertía en candidata del PAN, provocaría una fractura interna en el partido de la derecha. Dando a entender que el panismo tradicional no la apoyaría en sus pretensiones de intentar ganar la contienda electoral de 2027.
Esa declaración era una especie de “te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro”. Lo decía la diputada Bonaga, pero todos entendían que la legisladora en realidad expresaba el malestar de Eduardo Rivera.
Dicen los enterados que hace dos o tres semanas, con la mayor discreción posible, se encontraron Alcalá y Rivera, con el propósito de frenar el ambiente de tensión que ha existido entre ambos en los últimos cuatro meses.
Al parecer la reunión fue solicitada insistentemente por la exalcaldesa y luego de varios intentos, acabó aceptando el panista, quien también es parte de la dirigencia nacional del PAN.
Claramente Blanca Alcalá le habría expresado a Eduardo Rivera que la declaración de Celia Bonaga lo interpretaba como un intento de veto en su contra. Que era como una especie de declaración de “guerra”.
Rivera habría respondido que él no ha tenido la intención de bloquearla y que no ve impedimento alguno para que su grupo político la pudiera aceptar en una hipotética candidatura a un cargo de elección popular.
El acuerdo de ambos ex presidentes municipal, por ahora, no resuelve el problema de la ausencia de un candidato fuerte del PAN en la capital.
Pero sin duda, ayudaría mucho si acaban convenciendo a Blanca Alcalá de aparecer nuevamente en las boletas electorales.