La detención arbitraria de la periodista Lydia Cacho Ribeiro en la ciudad de Cancún, Quintana Roo, el 15 de diciembre de 2005, sin duda cambió para siempre la historia de Puebla.
Mario Marín Torres había cumplido apenas un año de haber tomado posesión del cargo como gobernador de Puebla, tras un triunfo contundente de 886 mil votos a su favor por 642 mil 519 de su adversario, el panista Francisco Fraile García. Una diferencia de más de 244 mil votos a favor del entonces abanderado del PRI a casa Puebla.
Marín llegaba con toda la legitimidad y poder en ese año, tan era así que muchos ya lo veían como candidato a la presidencia de la República, decían que el oriundo de Nativitas Cuautempan, junta auxiliar de Coyotepec, era el nuevo “Benito Juárez”, por su origen mixteco y su estatura, la cual evocaba al llamado Benemérito de las Américas.
El arranque de Marín se dio en un ambiente de mala relación con la prensa, pese a que su entonces director de Comunicación Social, Valentín Meneses, mantenía una buena relación con la mayoría de los medios de comunicación de ese entonces, en donde no existían aún muchos portales de internet, ni tampoco redes sociales.
El estilo de Marín siempre fue oscuro hacia la prensa, no le gustaban las entrevistas y durante su campaña estuvo muy alejado de los medios.
El 13 de febrero de 2006, el entonces gobernador, junto con su grupo más cercano de colaboradores, se dirigió en la noche al rancho “El Capricho”, localizado en Atlixco, propiedad de la familia Hanan, para celebrar el cumpleaños precisamente del director de Comunicación Social, Valentín Meneses, compadre del entonces mandatario. Ahí estuvieron presentes el entonces secretario de Gobernación, Javier López Zavala, el secretario de Obras Públicas, Javier García Ramírez, el secretario del consejo estatal de seguridad, Alejandro Fernández Soto, el director de la policía judicial, Adolfo Karam Beltrán, el subsecretario de administración, Jorge Mendoza Velarde, solo por mencionar algunos.
Ninguno de ellos se imaginaba el tsunami político que se avecinaba y las consecuencias que iba a arrastrar consigo este acontecimiento.
El festejo se prolongó durante las primeras horas del día 14 de febrero. Marín recibió a las 5 de la mañana una llamada telefónica del fallecido periodista, Enrique Montero Ponce, alertándolo sobre una nota que publicaba a ocho columnas el periódico La Jornada, en la cual se daba cuenta de una llamada telefónica sostenida entre el entonces gobernador de Puebla y el empresario poblano-libanés conocido como el rey de la mezclilla, Kamel Nacif Borge, en donde ambos celebraban la detención y traslado a Puebla de la en ese entonces poco conocida periodista Lydia Cacho, quien había publicado un libro “Los demonios del edén”, en donde daba cuenta de los casos de pedofilia que organizaba para políticos y empresarios importantes de México en el puerto de Cancún, un personaje de nombre Jean Succar Kuri, amigo de Kamel Nacif.
Succar Kuri había sido detenido el 5 de febrero del 2004 en Arizona por autoridades de los Estados Unidos a solicitud de la entonces Procuraduría General de la República, por ser señalado de pornografía infantil, tráfico de menores y abuso sexual.
Succar Kuri y Kamel Nacif eran amigos y se frecuentaban, aunque nunca se pudo comprobar que el empresario poblano de origen libanés hubiera estado involucrado en casos de pedofilia.
Lydia Cacho, quien radicaba en Cancún y que era en ese entonces pareja del periodista Jorge Zepeda Paterson, que había sido subdirector del Universal, encabezaba una ONG en apoyo a las víctimas de Succar Kuri. Por eso conocía muy bien el tema de los abusos cometidos en contra de los menores. Los relatos de las víctimas fueron la base para escribir el libro “Los demonios del Edén, el poder que protege a la pornografía infantil”, el cual se publicó en el 2005 y en donde detalla que algunos personajes de la alta política mexicana y empresarios acudían a Cancún a fiestas y actos organizados por Succar Kuri con menores de edad, algo parecido al escándalo de Jeffrey Epstein en los Estados Unidos.
Cacho Ribeiro fue detenida el 15 de diciembre de 2005 y trasladada en vehículo desde Cancún hacia la ciudad de Puebla. 20 horas duró el trayecto durante el cual, la periodista, escritora y activista contra los pedófilos, fue torturada durante el camino, mientras la amenazaban con matarla.
Al llegar a Puebla fue ingresada a los separos de la entonces Fiscalía General del Estado, en donde Blanca Laura Villeda y Adolfo Karam vivían una disputa por la supremacía en esta dependencia.
Al ingresar Cacho Ribeiro pudo hacer una llamada a su amiga, la senadora de la República por el PRI, Lucero Saldaña Pérez, quien alertó a las autoridades de Puebla sobre el riesgo que corrían por haber detenido de esa forma a Cacho y por haberla torturado. Luego de 10 horas, la periodista recobró su libertad mediante el pago de una fianza de 70 mil pesos de ese tiempo. Sin embargo, los demonios ya se habían soltado en Puebla.
Marín no solo iba a perder su libertad, sino también terminaría con el PRI.