El reciente anuncio del presidente Donald Trump sobre el cambio de nombre del tradicional Golfo de México por “Golfo de América” ha reavivado la controversia diplomática e histórica entre México y Estados Unidos. Durante un mitin en Corpus Christi, Texas, Trump aseguró que el gobierno mexicano habría aceptado la medida sin objeciones formales, aunque esta afirmación ha sido desmentida por autoridades mexicanas.
Según el mandatario, el cambio responde al hecho de que Estados Unidos posee el 92 % del litoral del golfo, y aunque no dijo que México estuviera “encantado”, aseguró que lo aceptaron sin problemas. Sin embargo, la declaración ha sido cuestionada por expertos en diplomacia y geografía, ya que la orden ejecutiva firmada por Trump en 2025 solo aplica dentro de documentos y publicaciones oficiales estadounidenses y no tiene reconocimiento internacional.
El Golfo de México es una región marítima histórica compartida entre Estados Unidos, México y Cuba, conocida con ese nombre desde la época del Virreinato de la Nueva España. La modificación unilateral no obliga a otros países ni a organismos internacionales a adoptar la nueva denominación, lo que ha generado debates sobre soberanía, historia y cartografía.
En respuesta, el gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha rechazado la medida y anunció acciones legales, incluida una demanda contra Google por cambiar el nombre en Google Maps. La administración mexicana enfatizó que el nombre “Golfo de México” tiene reconocimiento histórico y geopolítico desde hace siglos y sigue siendo el utilizado internacionalmente.
Organismos como la Junta de Nombres Geográficos de Estados Unidos (GNIS) pueden modificar bases de datos nacionales, pero esta acción no altera la denominación adoptada por otros países ni por entidades globales.
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xmh