La Inteligencia Artificial (IA) llegó para quedarse.
Lo mismo se utiliza diariamente para realizar tareas escolares, que, para entender fenómenos sociales, económicos y políticos o responder dudas de temas generales; su uso aumenta todos los días y es una herramienta indispensable en la vida cotidiana de millones de personas en el planeta.
También hay diariamente alguna noticia que alerta contra los efectos de la IA.
“No es para menos. Es una revolución que va a cambiar muchas cosas, hasta el punto de que el Papa León XIV ha decidido dedicarle su primera encíclica”, informó el martes pasado Milagro Pérez Oliva en su colaboración en el diario español El País.
“León XIV ya ha demostrado que no da puntada sin hilo. Y lo que ahora cose es un asunto de gran calado”.
El próximo 25 de mayo, el Papa dará a conocer su primera encíclica.
La tituló Magnifica Humanitas y está dedicada a la IA.
Le preocupa el impacto moral y social que va a tener y quiere dejar clara la posición de la Iglesia Católica.
La forma de darla a conocer es toda una declaración de intenciones: la presentará personalmente, con un discurso ante el cuerpo diplomático, y lo hará acompañado de varias eminencias académicas y de Christopher Olah, cofundador de la compañía estadounidense Anthropic.
Donald Trump ordenó hace poco suspender todos los contratos de la administración federal con esta compañía por haberse negado a que el Ejército de Estados Unidos pudiera utilizar sus modelos de IA sin restricciones.
Cuando fue elegido pontífice, el cardenal Prevost eligió el nombre de León XIV con la voluntad de emular y continuar el magisterio de León XIII.
Este fue el Papa que emitió la famosa encíclica Rerum Novarum que afrontó los grandes desafíos de la revolución industrial y es considerada la precursora de la Doctrina Social de la Iglesia. Con la Magnifica Humanitas, León XIV quiere hacer lo mismo respecto a la revolución digital.
Elon Musk ha perdido el juicio que instó contra Sam Altman, fundador de OpenAI. Lo acusaba de transformar la empresa que nació como entidad sin ánimo de lucro, para poder obtener beneficios.
La sentencia considera que con el cambio no se traiciona la misión general de "beneficio público". El fallo es un golpe para Musk, que pedía 150 mil millones de dólares de indemnización por el agravio personal.
“La postura moral del Papa León XIV sobre la IA podría fomentar una supervisión mucho mayor, ya que su mensaje resuena no solo en las iglesias, sino en las juntas directivas y los organismos reguladores internacionales”, advierte Darrell M. West, investigador sénior de Estudios de Gobernanza del Brookings Institution, en un artículo publicado por Excélsior.
Para el experto, la autoridad del Vaticano está llenando un vacío ético que los gobiernos, atrapados en procesos burocráticos, no han logrado mitigar frente a la velocidad de la innovación privada.
El documento de Brookings subraya que “al igual que León XIII abordó los excesos del capitalismo industrial, León XIV está centrando su atención en los riesgos de una economía impulsada por algoritmos que ignora la dignidad humana”.
Esta nueva "encíclica digital" pone especial énfasis en la justicia y la equidad dentro de las operaciones algorítmicas, un terreno donde las cajas negras y los sesgos han generado exclusión.
“El Papa está pidiendo una 'algorética', un marco donde la transparencia no sea una opción técnica, sino un imperativo moral para garantizar que nadie sea discriminado por un código”, explica West en el estudio del Centro para la Innovación Tecnológica (CTI).
Para León XIV, el derecho de los trabajadores es el pilar central de su crítica al modelo actual de Silicon Valley. La preocupación radica en cómo la automatización desmedida puede erosionar la base de la sociedad moderna.
La Iglesia ha dejado claro que no se tentará el corazón para pronunciarse contra aquellos que violen las doctrinas morales en nombre de la eficiencia financiera.
La IA llegó para quedarse, pero parece que no a cualquier costo.
De las anécdotas que se cuentan
El mercado de la inteligencia artificial atraviesa una fase de intensa presión financiera, caracterizada por un gasto de capital sin precedentes combinado con una mayor cautela.
El frenesí inversor de las grandes tecnológicas ha puesto a prueba su liquidez, llevando a Wall Street a sopesar el riesgo de una sobrecapacidad y la rentabilidad real de esta tecnología.
El descenso en la confianza sobre el retorno de inversión de la inteligencia artificial, representa un fenómeno que, lejos de señalar un fracaso tecnológico, marca el inicio de una etapa de madurez necesaria para el sector empresarial.
La industria parece haber comprendido que la inteligencia artificial no es una solución mágica que se activa con solo pulsar un botón, sino un compromiso continuo con la innovación y el rediseño organizacional.
También el dinero está pensando en la IA.
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