Más que un pan: el bolillo tras un susto sí ayuda, aunque no siempre ni para todos

Por diegoantonio , 19 Septiembre 2025
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Expertos de la UNAM confirman que el tradicional bolillo ayuda a reducir los malestares físicos del miedo, aunque advierten que su efectividad tiene límites y no reemplaza el apoyo emocional.
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Ciudad de México.- El tradicional consejo de “comerse un bolillo pa’l susto”, tan común entre generaciones de mexicanos, no solo tiene un arraigo cultural, sino también fundamentos científicos que lo respaldan, según especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sin embargo, su eficacia tiene matices y límites que conviene conocer.

Durante el Segundo Simulacro Nacional 2025, muchas personas reaccionaron con temor ante la activación de la alerta sísmica y los mensajes de emergencia. En ese contexto resurgió el consejo de las abuelas: tomar un bolillo para calmar los nervios. Aunque parezca un acto meramente simbólico, esta práctica tiene efectos fisiológicos reales.

Nayeli Xochiquetzal Ortiz, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que un sobresalto puede generar estrés agudo, lo que incrementa la secreción de ácido en el estómago, causando náuseas, sensación de vacío abdominal y otros malestares. El consumo moderado de pan blanco, como el bolillo, ayuda a reducir esa acidez, al tiempo que proporciona una distracción física a través de la masticación.

El pan contiene carbohidratos de rápida absorción, que no solo neutralizan temporalmente los ácidos gástricos, sino que también brindan una sensación de alivio. Además, masticar algo firme contribuye a calmar el sistema nervioso al enfocar la atención en una acción concreta.

Desde el punto de vista neurobiológico, el miedo activa la hipófisis en el cerebro y estimula la liberación de adrenalina y noradrenalina, hormonas que aceleran el pulso y la respiración. En ese contexto, pequeñas acciones como comer pan o recibir consuelo físico pueden ayudar a que el cuerpo recupere su equilibrio.

El profesor Eduardo Calixto González, de la Facultad de Psicología de la misma universidad, destaca que el acompañamiento emocional puede ser aún más eficaz. Abrazar o estar acompañado incrementa la liberación de oxitocina, hormona vinculada al apego y la confianza, que facilita una recuperación emocional más rápida. “Un beso o un abrazo pueden ser más estables fisiológicamente que un pan”, señala.

No obstante, se recomienda precaución con el consumo del bolillo. Una pieza puede aportar hasta 180 kilocalorías, por lo que lo aconsejable es limitarse a tres bocados. Además, algunas personas con afecciones digestivas como reflujo gastroesofágico podrían experimentar efectos adversos con este tipo de pan, debido a su contenido de carbohidratos refinados.

Respecto a otro mito muy extendido, la idea de que un susto puede provocar diabetes, los expertos coinciden en que es falso. Aunque un episodio de estrés puede elevar temporalmente la glucosa en sangre, esto no origina la enfermedad si no existe una predisposición previa. Incluso, para personas con diabetes, un pequeño trozo de bolillo podría ayudarles a estabilizar el azúcar en situaciones de tensión.

Aunque no hay estudios clínicos concluyentes que midan directamente la eficacia del bolillo como recurso post-susto, la evidencia disponible sugiere que su efecto es tanto fisiológico como emocional. Su arraigo en la cultura mexicana, sumado a su accesibilidad, lo convierten en un recurso popular que, en dosis moderadas y con acompañamiento emocional, puede ayudar a sobrellevar momentos de crisis.

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foto: IA 

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