Hay algo profundamente incómodo en aceptar que la vida no sigue un guion… y, sin embargo, hay algo casi milagroso en descubrir que justo ahí, en lo imprevisto, se esconden las posibilidades más luminosas.
Nos enseñaron a desconfiar del accidente. A verlo como error, como desviación, como pérdida. Como eso que rompe el orden y nos obliga a recomponer lo que creíamos seguro. Pero la vida, esa que no pide permiso, tiene una manera extraña de torcer los caminos para abrir puertas que nunca habríamos tocado.