En México, desaparecer no es lo peor. Lo peor es que, para que te busquen, hay que pagar. Y mucho.
Edith Guadalupe salió a buscar trabajo. Su familia terminó bloqueando calles, suplicando atención y haciendo de policía, perito y Ministerio Público al mismo tiempo. Porque cuando alguien desaparece, el Estado mexicano no reacciona: negocia… luego extorsiona.