El aumento en los precios volvió a tomar fuerza en la primera mitad de febrero. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la inflación anual se ubicó en 3.92 por ciento, su nivel más alto desde la segunda quincena de noviembre pasado, cuando alcanzó 3.99 por ciento. Con este resultado, el indicador acumula tres quincenas consecutivas de incrementos.
El avance estuvo impulsado principalmente por el encarecimiento de alimentos, bebidas y tabaco, cuyos precios crecieron 6.28 por ciento anual. Este comportamiento coincide con la actualización del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicada al inicio del año, lo que impactó directamente en diversos productos de consumo cotidiano.
A la presión en alimentos se sumó el incremento en servicios educativos, particularmente colegiaturas, que registraron un alza de 6.05 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. También destacaron las frutas y verduras, con un aumento anual de 5.61 por ciento, reflejando variaciones que suelen estar relacionadas con factores estacionales y costos de distribución.
El impacto no fue uniforme en todo el país. Según el Inegi, estados como Veracruz, Nayarit, Puebla, Michoacán y Guanajuato reportaron variaciones por encima del promedio nacional, lo que indica que en esas entidades el encarecimiento fue más perceptible para los hogares.
A pesar del repunte, la inflación se mantiene dentro del rango objetivo establecido por el Banco de México (Banxico), que oscila entre 2 y 4 por ciento, con una meta puntual de 3 por ciento. Sin embargo, el comportamiento reciente ha generado cautela en el banco central.
A inicios de febrero, la Junta de Gobierno decidió mantener la tasa de interés de referencia en 7 por ciento, tras una racha de recortes que se prolongó por cerca de año y medio. El instituto central ha señalado que evaluará futuros movimientos en función de la trayectoria de los precios y del entorno económico.
En su comunicación más reciente, Banxico anticipó que la convergencia sostenida hacia la meta de 3 por ciento podría alcanzarse hasta el segundo trimestre de 2027, en un contexto donde persisten presiones en distintos componentes del índice de precios.
Al interior del banco central también existen posturas que advierten riesgos adicionales. El subgobernador Jonathan Heath señaló que el balance de riesgos para la inflación continúa sesgado al alza. Incluso planteó que las proyecciones oficiales podrían estar por debajo de lo que anticipa el mercado, lo que reflejaría un escenario menos favorable para la evolución de los precios.
En la minuta más reciente de política monetaria, Heath apuntó que factores como los ajustes fiscales y el deterioro observado en la dinámica inflacionaria del año pasado han incrementado la incertidumbre. Este panorama ha llevado al banco central a actuar con mayor prudencia antes de modificar nuevamente el costo del dinero.
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