La agencia calificadora Moody’s ajustó la nota soberana de México al nivel de “Baa3”, el escalón más bajo dentro del grado de inversión, y mantuvo una perspectiva estable, lo que implica que, en el corto y mediano plazo, no se anticipan nuevos movimientos a la baja en la calificación, al menos dentro de un horizonte de entre 6 y 18 meses.
Con esta decisión, México permanece apenas un nivel por encima de perder el grado de inversión, una referencia importante para los mercados internacionales, ya que este estatus suele influir en las decisiones de fondos institucionales y en el costo de financiamiento para el país.
De acuerdo con la evaluación de la agencia, la perspectiva estable sugiere que, por ahora, no existen elementos inmediatos que apunten a un recorte adicional. Sin embargo, el nivel alcanzado coloca a la calificación soberana en una posición sensible, en la que cualquier deterioro en indicadores fiscales, económicos o de deuda podría modificar la evaluación en futuras revisiones.
En términos del mercado, esta decisión se suma a un entorno donde otras calificadoras ya habían adoptado posturas similares. Fitch Ratings mantiene desde abril de 2020 una calificación equivalente en el límite inferior del grado de inversión para México, lo que refleja una visión de largo plazo con cautela sobre el desempeño fiscal y económico del país.
Por su parte, apenas el pasado 12 de mayo, S&P Global Ratings ajustó la perspectiva de la calificación soberana de México a negativa, lo que en la práctica funciona como una señal de advertencia, ya que abre la posibilidad de un recorte si las condiciones económicas o fiscales no muestran mejora o estabilidad en los próximos meses.
La combinación de estas evaluaciones coloca a México en una situación en la que las tres principales agencias internacionales coinciden en una visión de mayor vigilancia sobre su perfil crediticio, aunque con diferencias en el horizonte y en la intensidad de sus señales.
El grado de inversión es un indicador utilizado por los mercados financieros para medir la capacidad de un país de cumplir con sus obligaciones de deuda. Cuando una calificación se encuentra en el extremo inferior de este rango, como ocurre actualmente con Baa3, los inversionistas suelen seguir de cerca la evolución de factores como el crecimiento económico, la recaudación fiscal, el nivel de deuda pública y la estabilidad macroeconómica.
En este contexto, la decisión de Moody’s no implica un cambio abrupto en la percepción inmediata del mercado, pero sí refuerza la lectura de que el margen de maniobra es más estrecho que en años anteriores. Esto puede influir en el costo de financiamiento tanto para el gobierno como para algunas empresas que dependen de las condiciones soberanas para acceder a crédito internacional.
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xmh