El mercado inmobiliario en México mantiene una tendencia al alza que no parece detenerse en el corto plazo. Durante 2025, el precio de la vivienda registró un incremento anual de 8.7%, de acuerdo con cifras del índice elaborado por la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF). Este comportamiento no solo marcó el ritmo del año pasado, sino que también perfila un panorama similar para 2026, con aumentos diferenciados según la región del país.
El costo promedio para adquirir una vivienda en territorio nacional se ubicó en alrededor de 1.86 millones de pesos. Sin embargo, el mercado sigue siendo desigual: aproximadamente la mitad de las operaciones se concentraron en inmuebles con valor menor a 1.2 millones, lo que refleja la amplia brecha entre distintos segmentos de compradores.
Las entidades con mayor encarecimiento coinciden, en buena medida, con zonas turísticas y regiones del norte. Quintana Roo encabezó la lista con un aumento de 14.3%, seguido de Baja California Sur con 12.9% y Nayarit con 12.2%. A estos estados se suman Tlaxcala y Jalisco, ambos con incrementos superiores al 11%.
Otros casos relevantes incluyen a Michoacán, Yucatán y Baja California, donde los precios también crecieron por encima del promedio nacional. Este comportamiento apunta a una presión constante en zonas con desarrollo turístico, crecimiento urbano o cercanía con la frontera, donde la demanda de vivienda se mantiene alta.
En contraste, algunas entidades reportaron aumentos más moderados. Durango y la Ciudad de México registraron incrementos de 4.7%, mientras que el Estado de México y Tabasco se mantuvieron por debajo del promedio nacional. Aun así, los precios no dejaron de subir, lo que confirma una tendencia generalizada en todo el país.
A nivel urbano, las zonas metropolitanas también muestran diferencias importantes. La ciudad de Guadalajara encabezó los incrementos con 11.3%, seguida por Tijuana con 10.6% y León con 10.1%. En tanto, Monterrey reportó un alza de 9.4%. Por otro lado, la zona del Valle de México tuvo un crecimiento menor, cercano al 5.1%, lo que la coloca por debajo de otras regiones con mayor dinamismo.
Diversos factores explican este comportamiento. El crecimiento económico, aunque moderado (1.6%), se combina con una inflación de 3.7% y tasas de interés hipotecarias que promedian 11.55%. Estas condiciones encarecen el financiamiento y, al mismo tiempo, presionan los precios de los inmuebles. A esto se suma que más del 60% de las operaciones corresponden a vivienda usada, un segmento que suele responder de forma distinta a la oferta de vivienda nueva.
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