En la era más dura del barbosismo, el mensaje a los aliados fue muy claro: nada con Los Primos.
Sí, Alejandro Armenta Mier e Ignacio Mier Velazco, quienes peleaban por la gubernatura.
El antídoto aplicado fue quitarles el micrófono y alejarlos de la plaza pública, políticos, empresarios, hasta de periodistas, para bloquear cualquier tipo de alianza.
Al final, Luis Miguel Barbosa falleció, Armenta es hoy el gobernador; y Nacho Mier sobrevive en las ligas nacionales, luego que su grupo político se encuentra en el patíbulo.
El modelo vigente establece que el único veto político para el 2030 se localiza en el primo.
Por tanto, comenzó el proceso de “enjaular a Nacho” para aislarlo de la dinámica de transformación que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum.
Me explico: la mandataria ha dejado en claro que el nepotismo debe terminar por asepsia democrática.

Se aprobaron constitucionalmente reformas para prohibir el nepotismo hasta en cuarto grado, pero además Morena estipuló en estatutos que ninguna figura de dinastía se apoyaría para el 2027.
El gobernador, el exgobernador, diputados, alcaldes y dirigentes morenistas se han sumado al “llamado moral” de la presidenta, para que ningún familiar participe en 2027. “Todos” jalan, excepto…
El único que no ha seguido ese “llamado moral” es Nacho Mier, quien incluso ya dijo que su hijo Nachito tiene derecho a reelegirse.
Esto significa que “enjaular al primo” lleva alejarlo del 2030, porque es incapaz de respetar la petición presidencial y del partido.
El problema es que Nacho Mier va directo hacia la trampa.
clh