Ayer, al terminar una conferencia, uno de los asistentes me insistió: hay que enseñar a todos a usar la inteligencia artificial.
Yo, un inútil en asuntos ingenieriles, desde adolescente debí refugiarme en mis habilidades para comunicar, a modo de ganarme la vida. ¿Enseñar qué y a quién? Me pregunté. Pues si nomás hay que hablar.