Morena solito se dio un balazo en el pie y nos demostró que su bandera anticorrupción e impunidad era sólo de dientes pa’ fuera. Que lo que quería era el poder y el dinero. Nunca un secretario de Gobernación había sido vinculado al crimen organizado a ese nivel y con ese descaro.
Nunca los hijos de un presidente habían sido los protagonistas de negocios y excesos, al grado de que una nuera fuera cabildera de una petrolera mundial y viviera –gratis– en la casa de una de esas empresas.