Aumenta el salario mínimo, pero la inflación en alimentos reduce su impacto real

Por xmontero , 10 Febrero 2026
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Precios de productos básicos avanzan por encima de la inflación general, limitando el impacto del ajuste al salario mínimo
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El arranque de 2026 dejó una escena conocida para muchas familias mexicanas: el ingreso diario aumentó, pero el dinero rinde menos al pasar por el mercado, la tiendita o el transporte. El ajuste de 13% al salario mínimo coincidió con una escalada en los precios de productos básicos, sobre todo alimentos, que avanzan a un ritmo mayor que la inflación general.

Información del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) indica que los alimentos procesados, bebidas y tabaco registraron en enero un incremento anual de 6.13%, casi el doble del nivel de la inflación general, que se ubicó en 3.79%. Este desliz entre ingresos y precios explica por qué el aumento salarial enfrenta límites en su impacto sobre el gasto diario de los hogares.

El informe detalla que la presión inflacionaria se concentró en la inflación subyacente, indicador que refleja tendencias más persistentes en los precios. En enero, esta pasó de 4.33% a 4.52%, impulsada principalmente por el encarecimiento de alimentos procesados y servicios, rubros que suelen ajustarse lentamente y que concentran una parte importante del consumo familiar.

Dentro de este panorama, los alimentos procesados, bebidas y tabaco mostraron una aceleración significativa, al pasar de una inflación anual de 5.22% en diciembre a 6.13% un mes después. En paralelo, los servicios registraron un aumento de 4.48%, presionados por mayores costos laborales y el traspaso de alzas en insumos energéticos.

El ajuste al salario mínimo, que subió de 278.80 a 315.04 pesos diarios desde el 1 de enero, también tiene efectos indirectos en la estructura de precios. El GCMA advierte que el incremento en los costos laborales se refleja a lo largo de la cadena productiva, lo que facilita que los aumentos se trasladen al consumidor final en bienes y servicios esenciales.

A estos factores se añade la debilidad de la inversión fija bruta, que registra una caída anual de 5.7%. La reducción en la inversión limita la capacidad productiva y reduce las opciones de las empresas para absorber mayores costos sin modificar precios, lo que refuerza la presión inflacionaria.

Aunque la confianza del consumidor muestra señales de deterioro y se ubicó en 44.0 puntos en enero, el consumo privado se mantiene activo. De acuerdo con el análisis, este dinamismo se sostiene cada vez más con ingreso corriente y con el uso de ahorros, más que mediante financiamiento, lo que mantiene firme la demanda en sectores donde los precios son menos flexibles.

 

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