Se dice que “a quien no le calienta el sol” por la incorporación de la expriista Blanca Alcalá Ruiz a las filas del PAN es al exalcalde y excandidato panista a gobernador, Eduardo Rivera Pérez, quien no solamente no oculta su enojo, sino estaría dispuesto a encabezar una abierta oposición a que la exsenadora y exedil de la capital pudiera ocupar una candidatura a un cargo de elección popular, en la contienda local de 2027.
Quienes conocen lo que ocurre en el entorno de Eduardo Rivera acusan que son dos los motivos que lo han llevado a esa actitud: su creciente rivalidad con el presidente estatal del PAN, Mario Riestra Piña, y que se siente traicionado por Blanca Alcalá, a quien, en su momento, le abrió las puertas del partido de la derecha y ella no aceptó –en 2024— ser parte del proyecto electoral del “riverismo”.
Es tan fuerte el enojo, sostienen panistas cercanos al dos veces exalcalde de la capital, que estaría dispuesto a utilizar su posición de secretario de Desarrollo Social e Institucional del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN para buscar un veto a la posibilidad de que Alcalá pudiera ser –que es lo más probable— la candidata del albiazul a la alcaldía de la ciudad de Puebla.
Un argumento que se podría utilizar ante el CEN panista es que en el proyecto de una posible postulación, de quien fue la primera en ser presidenta municipal de la capital, tendría “metidas las manos” la 4T y en particular, el grupo político del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier.
Bajo la lógica de que, en la definición de candidaturas rumbo a la contienda de 2027, quien tiene muchas posibilidades de obtener “el visto bueno” de la dirigencia nacional de Morena para conseguir la nominación a alcalde de la ciudad de Puebla, es el actual edil José Chedraui Budib quien, aunque no habla públicamente del tema, se dice que ya estaría trabajando en un proyecto para buscar la reelección.
Y se dice que esa idea no agrada mucho a la facción “armentista”, que no quiere ver crecer a Chedraui porque eso significaría que se convertiría –en caso de que ganara la elección de 2027—en el candidato “natural” a la gubernatura de Puebla.
Por esa razón, en el círculo “armentista” se preferiría el hipotético escenario de que llegue Blanca Alcalá a la alcaldía de la capital, quien “es ya es conocida en su desempeño político”, que permitir el riesgo de que José Chedraui Budib crezca, políticamente hablando, si lograra la reelección.
Esa argumentación, que ha salido de “voces” del PAN y no de Morena, expone que en la cúpula de la 4T poblana se estaría viendo a Blanca Alcalá como “el plan B”, si no se logra que –el año entrante– el candidato de Morena en la capital sea un político del círculo “armentista”.
Dicho de otra manera, los “armentistas” les caería mejor ayudar a ganar a una candidata de la oposición, que “darle alas” a Chedraui para que crezca en sus intenciones de aspirar a ser gobernador en el año 2030.
Quienes particularmente han esparcido dicha especulación son los “riveristas” . Es una versión que suena lógica, pero por el momento es imposible saber si son verdaderas esas maquinaciones político-electorales.
Lo que si parece ser cierto es el disgusto, enojo, encono, que Eduardo Rivera siente en contra de Blanca Alcalá.
El problema inició en 2021, cuando Eduardo Rivera convence a los entonces miembros de la cúpula priista de Puebla en construir una alianza electoral entre el PRI y el PAN, que él mismo encabezaba, para ganar la alcaldía de la capital. Ese proyecto funcionó y le dio al panista su segundo mandato como presidente municipal.
Para convencer al PRI, Rivera les ofreció –hace 5 años– a los dirigentes del tricolor que, en el proceso electoral de 2024, la candidatura a la alcaldía de la capital sería para una figura del Partido Revolucionario Institucional, que a su vez sería apoyada por el PAN.
El panista para lograr esa negociación convenció a tres figuras relevantes: Néstor Camarillo Medina, entonces presidente estatal del PRI; a Jorge Estefan Chidiac, quien controlaba a la estructura priista; y a Blanca Alcalá Ruiz, quien en 2021 era uno de los liderazgos más fuertes en el PRI y además, era cercana al Comité Ejecutivo Nacional del tricolor.
En realidad, lo que quería Rivera es que Blanca Alcalá fuera la candidata de la alianza PRI y PAN para pelear la alcaldía de la capital.
Como parte de los esfuerzos para intentar convencerla, en 2021 le otorgó a su hija Karina Romero Alcalá una regiduría y cuando se ganó la elección de ese año, le cambiaron a esta joven la posición en el Cabildo de la capital por la titularidad de la Secretaría de Igualdad Sustantiva en el ayuntamiento de la Angelópolis.
Pese a lo generosa de dicha propuesta, Blanca Alcalá no aceptó contender en los comicios de 2024, en los mismos en que Rivera buscó ganar la gubernatura de Puebla y acabó fracasando.
Eso motivó a que el panista no cumpliera con la promesa de darle al PRI la candidatura de la capital, en las votaciones de hace 20 meses, y quien acabó siendo el abanderado del frente de la oposición fue Mario Riestra Piña, quien fue derrotado por José Chedraui.
Ahora de manera sorpresiva y desagradable para Rivera, ha visto como Blanca Alcalá decidió dejar las filas del PRI y aceptó mudarse al PAN, para aparentemente desarrollar un proyecto político-electoral similar a lo que él mismo le propuso hace unos años.
Tal vez lo que más lo hace rabiar, es que Mario Riestra si logró lo que él no pudo: convencer a Blanca Alcalá ha dejar su larga y fructífera militancia en el PRI, para ahora ser parte de la esperanza del PAN de regresar al control del gobierno de la capital.
clh