La visita del líder nacional del PAN, Jorge Romero, a Puebla, sirvió para dejar constancia de que el panismo poblano, a pesar de la estrepitosa derrota sufrida en el 2024, hoy goza de cabal salud, gracias al trabajo realizado por la nueva dirigencia que encabeza Mario Riestra.
Luego de la desastrosa gestión que encabezó la yunquista, Augusta Valentina Díaz de Rivera, quien dejó una deuda oculta y multas por parte del INE al albiazul poblano, Riestra se dio a la tarea durante todo 2025 de rescatar de las “cenizas” a este partido y reestructurarse para hacerlo competitivo rumbo al 2027.
La incorporación de la ex priista Blanca Alcalá Ruiz a las filas de Acción Nacional, avalado por la presencia del propio Jorge Romero, es un tremendo espaldarazo para la ex presidenta municipal de Puebla, quien sin duda podrá aportar y mucho a su nuevo instituto político.
La exalcaldesa capitalina llega con todo el respaldo de la dirigencia nacional del albiazul, no solo para ser el enlace entre el panismo y la sociedad civil, que es la parte fundamental de su nueva labor, sino como una carta muy fuerte para Acción Nacional, la disputa a Morena la hegemonía de Puebla capital.
Blanca tiene la experiencia de haber sido diputada local, diputada federal, senadora de la República, presidenta municipal de Puebla y candidata a la gubernatura en el 2016.
Es una verdadera ironía de la vida que precisamente haya sido el panismo, en ese tiempo encabezado por Rafael Moreno Valle, quien se encargó de enlodar la trayectoria política de Alcalá armando la campaña negra de “Blanca no es Blanca” así como también la de “Blanca no cumple”, las cuales hay que señalar fueron más que efectivas.
Cabe señalar que el coordinador general de esa campaña en el 2016 era el hoy gobernador, Alejandro Armenta Mier, mientras que el presidente estatal del tricolor era el ahora defenestrado, Charbel Jorge Estefan Chidiac.
Pero, de regreso al tema, Jorge Romero, el jefe nacional del PAN, se dejó ver contento con lo que observó de Puebla y del trabajo de reconstrucción que Mario Riestra ha realizado al frente del albiazul, constituyendo comités en una buena parte del estado y conformando una estructura leal al albiazul.
En el PAN de Puebla se respira un ambiente de unidad, de armonía entre sus integrantes y de personajes comprometidos con este partido, algo que fue vital para que el albiazul obtuviera sus primeros triunfos a inicios de los noventa del año del siglo pasado.
Este PAN, por supuesto, no se parece en nada al de Moreno Valle, en donde si algo sobraba era dinero, sin embargo, se percibe un ánimo diferente al que prevaleció en el periodo en el que Eduardo Rivera tuvo en sus manos el manejo de este instituto político junto con sus incondicionales y lo hundió.
Mantilla va porque va. La orden fulminante vino ayer desde la Ciudad de México, en donde a nivel central se le ordenó a Puebla restituir el registro de la planilla “Liderazgo que une y construye confianza”, que encabeza José Luis Ramírez Mantilla y que busca recuperar la cámara de la construcción, para los socios y no para los intereses personales de una camarilla.
Desde hace 12 años un “grupúsculo” ha manejado a la CMIC a su antojo y para sacar beneficios personales con la obra pública de las diferentes administraciones estatales.
Sin embargo, lo más descarado ha ocurrido en la gestión que encabeza al que ya todo mundo conoce como el “Varguitas” empresarial que no es otro que Gustavo (Tavo) Vargas Constantini, quien sin ningún empacho se “comió” para él la obra pública de la administración de Sergio Salomón, sin convidarle nada a los socios de este organismo.
El “Varguitas” sabe que ya hay un hartazgo en su contra, sabe que los socios de la CMIC quieren un cambio y por eso, como hiciera el tristemente célebre “Barrabás” José Yotani Damían cuando estuvo al frente de la Canaco Puebla, se quiere encadenar a la pata de su escritorio para no irse, pero se irá y lo más triste es que lo hará apestado y por la puerta trasera.
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clh