Ben Stiller sale en defensa de Bad Bunny tras petición de investigarlo por su show en el Super Bowl

Por diegoantonio , 12 Febrero 2026
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El comediante defendió al artista puertorriqueño luego de que el congresista republicano Randy Fine pidiera a la autoridad reguladora de comunicaciones abrir una investigación sobre el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX.
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Ciudad de México.- El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, encabezado por Bad Bunny, continúa generando reacciones en Estados Unidos, ahora por la defensa pública que hizo el actor Ben Stiller del artista puertorriqueño, luego de que un congresista republicano solicitó que el gobierno abra una investigación sobre el espectáculo.

La presentación, ampliamente comentada y catalogada como un éxito sin precedentes, colocó al músico de 31 años en el centro de un debate que ya no se limita a la música oa la puesta en escena, sino también al significado de ocupar el escenario más visto de la televisión estadunidense con una propuesta culturalmente explícita.

El medio tiempo protagonizado por Bad Bunny apostó por una narrativa visual que rebasó la simple coreografía. El espectáculo comenzó con el cantante emergiendo entre enormes tallos de caña de azúcar, una imagen cargada de simbolismo que remite a la historia colonial de Puerto Rico ya los siglos de explotación asociados a ese cultivo. A lo largo del espectáculo interpretó temas como “Tití Me Preguntó”, “Yo Perreo Sola”, “Baile Inolvidable” y “El Apagón”, enlazados con intervenciones de personajes del Puerto Rico cotidiano. La dirección artística puso el acento en la energía colectiva y en buena medida fueron las y los bailarines quienes sostuvieron el peso narrativo, adaptando sus movimientos según el género musical.

Durante la presentación, Bad Bunny entregó uno de sus premios Grammy a un niño latino que presenciaba el espectáculo, gesto que se leyó como un relevo simbólico o como un guiño al propio Benito Antonio en su infancia, soñando con alcanzar a las figuras que veía en televisión. La aparición de Lady Gaga y Ricky Martin reunió el cuadro de un encuentro entre artistas de distintos orígenes y trayectorias.

En paralelo al impacto artístico, el congresista republicano Randy Fine envió una carta al presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Brendan Carr, en la que pidió una investigación inmediata sobre el espectáculo. Afirmó que “no importa si se dice en español” y acusó que el show habría promovido el consumo de cocaína por parte de menores durante una transmisión en vivo, lo que, sostuvo, constituye un delito. También señaló que se escuchó la palabra “fuck”, lo que, a su juicio, viola las normas de transmisión. En su escrito pidió imponer las sanciones máximas previstas en la ley y advirtió que cualquier otra respuesta enviaría el mensaje de que la indecencia es tolerada mientras resulte rentable.

Las declaraciones de Fine generaron una rápida respuesta en redes sociales. Usuarios de distintas tendencias políticas cuestionaron su interpretación del contenido del espectáculo y criticaron la idea de criminalizar una puesta en escena artística. En ese contexto, Ben Stiller se convirtió en una de las voces más visibles en rechazo a la petición del congresista.

A través de la red social X, el actor ironizó sobre el planteamiento de Fine y escribió que el verdadero foco de la investigación debería ser “cómo Bad Bunny logró patear traseros”. En un mensaje posterior, señaló que ese supuesto “enfoque de la investigación” tendría que centrarse en la forma en que el artista consiguió presentar el espectáculo de medio tiempo “más visto y mejor producido jamás hecho sobre inclusión y amor”, así como en el origen de su enorme talento, su carisma “fuera de escalada” y un corazón “todavía más grande”.

El debate en torno al espectáculo se ha entrelazado con discusiones más amplias sobre la representación cultural de Puerto Rico. Durante décadas, la producción cultural puertorriqueña ha sido consumida a nivel global, pero pocas veces se ha mostrado en escenarios masivos bajo sus propios términos. En esta ocasión, Bad Bunny utilizó el show para aludir a la memoria histórica y al orgullo cultural sin recurrir a discursos explícitos: las imágenes y la música llevaron el mensaje. Su álbum más reciente, “Debí Tirar Más Fotos”, ya había abierto esa línea de reflexión.

Al mismo tiempo, algunas voces han cuestionado que la protesta de Bad Bunny se encuentre empaquetada dentro de las lógicas del capitalismo y funcione como un producto más de consumo cultural. Frente a ello, otras miradas defienden el valor de ese tipo de gestos, argumentando que, aún dentro de los límites del mercado, “más vale protestar en mano que la libertad en el bolsillo del amo”.

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