Memoria que galopa en libertad: nace en Cuacolandia un santuario eterno

Por leticiam , 26 Febrero 2026
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No pretendieron llamarlo panteón
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Atlixco. — En el mismo terreno donde alguna vez resonaron relinchos de dolor y después suspiros de alivio, hoy también florece la memoria. En Cuacolandia, el santuario fundado por la desaparecida activista y rescatista Elena Larrea, se ha creado un espacio de “memoria viva”: un rincón destinado a honrar a los animales rescatados que han partido, pero que, como subrayan sus cuidadores, permanecen para siempre en casa.

El lugar no fue concebido como un cementerio. La palabra, explicaron, no representa el espíritu del proyecto. Aquí no se habla de finales, sino de permanencia.

Las primeras cenizas que reposan en este espacio pertenecen a Winner y Bandida, dos historias que marcaron profundamente el corazón de quienes integran el santuario y, de manera especial el de Elena Larrea cuya labor convirtió a Cuacolandia en un referente nacional en la protección de caballos, burros y mulas víctimas de maltrato.

En este nuevo espacio por cada caballo, burro o mula que se adelante en el camino se plantará un árbol. Sus cenizas volverán a la tierra y las raíces crecerán fuertes, como símbolo de continuidad. La vida que alguna vez fue herida ahora nutrirá el suelo que sostiene nuevas historias de rescate.

Cuacolandia ha sido, desde su fundación, un refugio para decenas de equinos que sufrían abandono, explotación o violencia. Bajo la visión de Elena Larrea, el proyecto trascendió el activismo digital y se materializó en atención veterinaria, alimentación especializada y campañas de concientización sobre el bienestar animal. Hoy, esa filosofía se amplía hacia la memoria.

 

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Foto Lena Velázquez 

LMR 

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