Quienes transitan por Paseo de la Reforma, una de las avenidas más transitadas de la capital, han comenzado a notar una escena cada vez más frecuente: ratas desplazándose entre jardines, banquetas y zonas cercanas al metro. Aunque estos roedores suelen tener hábitos nocturnos, especialistas señalan que diversos factores urbanos han favorecido que su presencia sea más visible durante el día.
Visitantes y trabajadores que recorren esta zona de la Ciudad de México comentan que el encuentro con estos animales suele provocar asco o preocupación por temas de salud. Sin embargo, algunos reconocen que verlos ya no resulta tan inusual en ciertas áreas de la ciudad.
Expertos en fauna urbana explican que la disponibilidad de alimento y refugio es uno de los principales factores que impulsa el aumento de roedores en espacios públicos. El profesor Uri García, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, señala que las ratas encuentran condiciones favorables cuando hay restos de comida en parques, basura acumulada o alimento destinado a otras especies, como palomas o ardillas.
Además, muchos espacios urbanos ofrecen huecos, estructuras y drenajes que funcionan como madrigueras. Estas condiciones permiten que la población de roedores se mantenga estable o incluso crezca con el tiempo.
Una de las especies más comunes en entornos urbanos es la Rata noruega, considerada una especie introducida en América durante la época colonial. Su capacidad de adaptación a diferentes ambientes ha facilitado su expansión en ciudades densamente pobladas.
La capacidad reproductiva de estos animales también influye en su presencia. De acuerdo con especialistas, una rata puede tener entre tres y doce camadas al año, con seis a doce crías por cada parto y un periodo de gestación de apenas tres semanas. Esto permite que las poblaciones crezcan con rapidez si existen condiciones favorables.
A pesar de los avistamientos, expertos indican que no se puede hablar todavía de una plaga en la capital. Para que esto ocurra se requiere un crecimiento descontrolado y dificultades para contener la población.
En ciudades como Nueva York, por ejemplo, estimaciones sugieren que existe una rata por cada cinco habitantes, lo que representa un desafío para las autoridades locales. En el caso de la capital mexicana, no hay cifras oficiales que indiquen un escenario similar.
No obstante, especialistas advierten que el aumento de roedores podría traer afectaciones a la infraestructura urbana. Las ratas poseen dientes fuertes que crecen constantemente, por lo que suelen roer materiales como cables eléctricos, tuberías o estructuras metálicas, lo que en algunos casos puede generar daños en servicios o instalaciones de la ciudad.
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