Un disparo durante un operativo migratorio volvió a encender las alarmas en Estados Unidos. La muerte de Renee Nicole Good, escritora, madre y esposa de 37 años, ocurrida el 7 de enero de 2026 en Minneapolis, se convirtió en un punto de quiebre para organizaciones civiles, defensores de derechos humanos y autoridades locales que hoy cuestionan cómo y cuándo los agentes federales deciden usar fuerza letal.
De acuerdo con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el tiroteo ocurrió en un supuesto acto de defensa propia. No obstante, videos y testimonios difundidos posteriormente contradicen esa versión y han abierto una investigación que va más allá de un solo caso. El asesinato de Good detonó protestas, vigilias y exigencias de transparencia, además de una discusión nacional sobre los protocolos que rigen los operativos migratorios en zonas urbanas.
El caso de Minneapolis no es un hecho aislado. Apenas un día después, en Portland, Oregón, agentes federales dispararon contra un hombre y una mujer durante una parada vehicular, bajo el argumento de que el conductor intentó atropellarlos. De acuerdo con un reporte de The New York Times, en los últimos cuatro meses agentes migratorios han disparado contra 10 personas en cinco estados y Washington, D.C., todas ellas dentro de vehículos al momento del ataque.
El patrón se repite: en cada uno de los casos, las autoridades afirmaron que los agentes temieron ser arrollados, una justificación que ha sido puesta en duda por especialistas en uso de la fuerza y por medios que han accedido a grabaciones de cámaras corporales.
Una investigación de The Marshall Project documentó que, en los últimos cinco meses, oficiales federales han matado al menos a tres personas más, dos de ellas de origen mexicano. Entre julio de 2025 y enero de 2026 se contabilizan 16 tiroteos con participación de agentes del ICE, registrados en ciudades como Chicago, Phoenix, Fresno, Los Ángeles, Denver, Las Vegas, Tucson y Minneapolis, con Texas e Illinois como los estados con más incidentes.
De esos hechos, 13 dejaron personas heridas y tres terminaron en muertes, cifras que, aunque pequeñas frente al volumen total de operativos, concentran una alta carga política y social por la forma en que ocurrieron.
Entre los episodios documentados se encuentra el de Silverio Villegas González, cocinero mexicano asesinado en un suburbio de Chicago tras recibir un disparo en el cuello. Aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostuvo que un agente fue arrastrado por el vehículo, imágenes obtenidas por medios locales muestran al propio agente reconociendo que solo fue arrastrado “un poco”.
Otros casos incluyen el de Marimar Martínez, de 30 años, quien murió tras recibir varios disparos en un incidente con un agente de la Patrulla Fronteriza, y el de un ciudadano mexicano de 31 años, abatido en Rio Grande City, Texas, durante un intento de detención cerca del Río Bravo. A esto se suma un tiroteo en Los Ángeles, donde un agente del ICE fuera de servicio disparó con su arma oficial en la víspera de Año Nuevo.
Uno de los elementos que más preocupa a expertos es el uso de armas de fuego contra vehículos en movimiento. Ciudades como Nueva York y Los Ángeles han restringido esta práctica, salvo en situaciones extremas, debido al riesgo que representa para peatones y terceros. Autoridades policiales han advertido durante años que disparar contra un auto en marcha no es una técnica segura ni ampliamente entrenada.
Para activistas y familiares, el caso de Renee Nicole Good resume una problemática más amplia: falta de supervisión, escasa rendición de cuentas y opacidad en los operativos migratorios. Mientras las investigaciones siguen en curso, también se abre la posibilidad —aunque poco común— de que autoridades estatales intenten procesar penalmente a un agente federal, un escenario que ha ocurrido en contadas ocasiones en la historia reciente.
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