Las playas de Varadero, conocidas por su arena blanca y mar turquesa, atraviesan uno de sus momentos más inciertos en años. Desde que el gobierno cubano informó el pasado 8 de febrero sobre la falta de combustible para aviones, el flujo turístico comenzó a resentirse de forma inmediata, encendiendo alertas en hoteles, aerolíneas y prestadores de servicios.
De acuerdo con un sondeo realizado por Reuters, la escasez de turbosina provocó cancelaciones masivas y ajustes operativos en plena temporada alta de invierno para Canadá y Europa. Aerolíneas como Air Canada, WestJet y Air Transat suspendieron rutas hacia la isla, acumulando más de mil 700 vuelos cancelados hasta abril. La decisión impacta directamente en la llegada de visitantes, uno de los principales motores de divisas para el país caribeño.
Rusia, considerado el tercer mercado emisor de turistas hacia Cuba, también frenó operaciones aéreas hasta que exista certeza sobre el suministro de combustible. En paralelo, cadenas hoteleras internacionales como Meliá Hotels International y NH Hotel Group comenzaron a cerrar instalaciones con baja ocupación para concentrar a los huéspedes en complejos que puedan operar con menos recursos.
“Hay una incertidumbre total. Todo está empezando a desmoronarse”, relata Alejandro Morejón, guía turístico con más de tres décadas de experiencia en Varadero, quien vivió el resurgimiento del sector tras la apertura al turismo internacional en los años noventa. Su preocupación no es aislada: trabajadores del ramo temen que la falta de combustible termine por paralizar no sólo vuelos, sino también transporte terrestre y servicios básicos asociados a la actividad turística.
El contexto internacional también pesa. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su postura hacia la isla, señalándola como una amenaza para la seguridad nacional y reforzando medidas que limitan el suministro de petróleo venezolano. Washington incluso advirtió sobre posibles aranceles a países que envíen combustible a Cuba, lo que complica aún más la logística energética del país.
El turismo representa alrededor del 10 por ciento de los ingresos por exportaciones de Cuba y generó aproximadamente mil 300 millones de dólares en 2024. Especialistas advierten que un desplome prolongado podría agravar la ya frágil situación económica, que depende también de remesas y de la exportación de servicios médicos. En 2025, la isla recibió poco más de un millón de visitantes, su nivel más bajo en más de dos décadas.
Mientras tanto, los viajeros que aún permanecen en la isla intentan mantener la calma. Tyler LaMountaine, visitante canadiense, reconoce que existe temor a quedarse varados ante nuevas cancelaciones. “Estamos improvisando para que esto no arruine el viaje, pero el ambiente de preocupación se contagia”, comenta.
A inicios de febrero, el gobierno presentó un plan de contingencia para proteger servicios esenciales como salud y educación. En un primer momento se aseguró que el turismo no resultaría afectado; sin embargo, días después se notificó a aerolíneas sobre la inminente escasez de combustible.
En Varadero, algunos restaurantes y tiendas de recuerdos continúan abiertos, y las playas mantienen una apariencia de normalidad. No obstante, al menos dos hoteles han cerrado temporalmente. Trabajadores locales advierten que sostener operaciones será cada vez más complicado si el suministro no se regulariza.
Jorge Fernández, guía que ofrece recorridos en autos clásicos, afirma que apenas le queda combustible para un día más. “Después tendré que buscar otra manera de ganarme la vida. Aquí los que resienten todo somos los ciudadanos”, señala.
Por ahora, la postal turística de Cuba se mantiene, pero detrás del paisaje se acumulan dudas sobre cuánto tiempo podrá sostenerse una de las actividades clave para la economía de la isla.
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xmh