Ciudad de México.— BTS dejó de ser únicamente un fenómeno musical para convertirse en un actor con proyección diplomática y social cuyo impacto trasciende los escenarios. La influencia del grupo volvió a la agenda pública cuando la presidenta Claudia Sheinbaum reveló que envió una carta al primer ministro de Corea del Sur para solicitar más presentaciones en México, un gesto que ilustra el alcance político y cultural que rodea a la banda.
Desde su debut en 2013, el septeto ha logrado un ascenso sostenido, incluso durante la pausa colectiva iniciada en 2022 por el servicio militar obligatorio, período en el que sus integrantes permanecieron vigentes con proyectos en solitario y lanzamientos de conciertos en cines. Este 20 de marzo el grupo regresará de forma oficial con su quinto álbum de estudio, “ARIRANG”, y un día después ofrecerá un concierto histórico y gratuito en la Plaza Gwanghwamun de Seúl.
El fenómeno se entiende mejor al situarlo en el contexto del Hallyu, la “Ola Coreana”, impulsada por Corea del Sur como estrategia cultural y económica desde finales de los noventa. Aquella apuesta por exportar contenidos —K-dramas, música, cine, gastronomía, videojuegos o productos de belleza— encontró, a partir de la década de 2010, plataformas globales que llevaron el K-pop más allá de Asia. El éxito viral de “Gangnam Style” en 2012 abrió la puerta a grupos como BTS y Blackpink, al punto de consolidar a Corea como potencia cultural. Lo que comenzó como un mecanismo para sortear una crisis financiera terminó elevando a BTS a símbolo nacional y herramienta de influencia que rebasó las metas originales del “poder blando”.
El poder blando alude a la capacidad de un país para persuadir y atraer, en lugar de coaccionar. En ese terreno, BTS se ha convertido en el exponente más visible de Corea del Sur. La banda ha globalizado el interés por el idioma, la comida y las tradiciones coreanas; ha ejercido diplomacia pública como rostro de su país en foros internacionales; ha sido asociado a un impacto económico estimado en casi 5 mil millones de dólares anuales; y ha vinculado su imagen a causas humanitarias, en particular la salud mental y la no violencia. No se trata de convertir a cada seguidor en un devoto de Corea, pero el interés por la música suele ser la puerta de entrada para explorar el idioma, planear un viaje o acercarse a otras expresiones culturales.
Los hitos diplomáticos y sociales del grupo son visibles. El 1 de noviembre de 2017, BTS y Unicef lanzaron la campaña #LoveMyself para combatir la violencia, el abuso y el acoso contra infancias y adolescencias, con donaciones directas de los integrantes y de BIGHIT MUSIC, además de destinar el 3% de las ventas físicas de la serie “Love Yourself”. En 2020, la influencia del K-pop contribuyó a una reforma conocida popularmente como “Ley BTS”, que permitió a determinadas estrellas posponer el servicio militar hasta los 30 años con recomendación del titular de Cultura para mejorar “de manera considerable” la imagen del país; aun así, los miembros del grupo iniciaron su servicio de forma escalonada entre finales de 2022 y finales de 2023.
En 2021, el gobierno surcoreano nombró a BTS “Enviados Presidenciales Especiales para las Generaciones Futuras y la Cultura”, distinción que implicó pasaportes diplomáticos y una agenda para potenciar la imagen de Corea, promover la participación juvenil en asuntos globales y favorecer el diálogo a través de la cultura. Su primera misión fue acompañar al presidente Moon a la 76ª Asamblea General de la ONU, en Nueva York, del 19 al 23 de septiembre de 2021, donde pronunciaron un mensaje orientado a la juventud pos-COVID, a la que rebatieron el rótulo de “generación perdida” y rebautizaron como “generación de bienvenida”.
La presencia del grupo también se proyectó en Washington. El 31 de mayo de 2022, los siete integrantes visitaron la Casa Blanca, invitados por el presidente Joe Biden, para abordar los crímenes de odio contra la comunidad asiática, la inclusión y la representación. Antes de la reunión privada, Jimin lamentó el aumento de agresiones y Suga subrayó que “no está mal ser diferente”, recordando que la igualdad comienza por abrazar esas diferencias.
La banda ha sido, además, un factor de acercamiento entre Corea del Sur y Japón. Con una base de seguidores sólida en territorio japonés, la llamada “Generación BTS” asocia a Corea con innovación y valores positivos, un clima que facilita la interlocución política entre Seúl y Tokio. En enero de 2026, durante una cumbre en Nara, el presidente Lee Jae-myung y la primera ministra Sanae Takaichi escenificaron un inusual momento cultural con un dueto de batería al ritmo de éxitos del K-pop, entre ellos “Dynamite”, como gesto simbólico de sintonía.
La nueva etapa del grupo dialoga con esa vocación de puente cultural. “Arirang”, canción folclórica por excelencia de la península —considerada himno no oficial y reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial—, inspira el título del próximo álbum. Según BigHit Music, el proyecto condensa el anhelo y el profundo afecto que atraviesa la historia de BTS y funciona como expresión simbólica de esas emociones. En un tiempo en que buena parte del K-pop adopta estética global, elige “ARIRANG” reivindica una identidad y propone un puente entre pasado y futuro. La pregunta que se abre, de cara al lanzamiento y la gira, es qué nuevos mensajes de alcance internacional traerán consigo esta declaración de principios.
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Foto: Especial
Djs