Un reciente descubrimiento arqueológico en los Valles Centrales de Oaxaca volvió a poner en el centro de atención a la cultura zapoteca. Se trata de una tumba construida alrededor del año 600 d.C., que permaneció enterrada durante siglos y que destaca por su alto grado de conservación, así como por la cantidad de información simbólica y ritual que resguarda.
El hallazgo fue realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en una zona arqueológica de la región, cuya ubicación exacta no ha sido revelada. De acuerdo con los primeros reportes, la estructura funeraria conserva elementos arquitectónicos completos, esculturas en relieve, frisos con inscripciones calendáricas y murales policromos, lo que la convierte en una fuente clave para entender la organización social y las creencias de los antiguos zapotecas.
Uno de los elementos que más ha llamado la atención de los investigadores es la escultura ubicada en la entrada de la tumba: un búho tallado que cubre con su pico el rostro de un personaje masculino estucado. En la cosmovisión zapoteca, esta ave estaba asociada con la noche, la muerte y el tránsito al inframundo. Los arqueólogos consideran que la figura humana podría representar a un gobernante o personaje de alto rango, posiblemente venerado por su comunidad incluso después de su muerte.
El acceso a la tumba está acompañado por representaciones masculinas y femeninas que portan objetos ceremoniales. Además, un friso compuesto por lápidas con nombres calendáricos sugiere que el individuo enterrado tuvo un papel relevante dentro de la jerarquía política o religiosa de su tiempo. Estos elementos refuerzan la idea de que se trata de un espacio funerario destinado a una élite zapoteca.
En el interior, los especialistas localizaron pinturas murales que aún conservan una amplia gama de colores, entre ellos rojos, ocres, verdes, blancos y azules. Las escenas muestran una procesión ritual en la que varios personajes cargan bolsas de copal, una resina utilizada en ceremonias religiosas. Las imágenes parecen representar el acompañamiento simbólico del difunto hacia el otro mundo, una práctica común en diversas culturas mesoamericanas.
Actualmente, personal del Centro INAH Oaxaca trabaja en la estabilización y conservación de los murales, ya que factores como la humedad, las raíces y la presencia de insectos representan un riesgo para su preservación. De manera paralela, se llevan a cabo estudios cerámicos, iconográficos, epigráficos y de antropología física, con el objetivo de obtener más datos sobre la identidad del personaje enterrado y el contexto histórico de la tumba.
Por su complejidad arquitectónica y riqueza simbólica, el hallazgo ya es comparado por especialistas con otros conjuntos funerarios relevantes de la región, como los localizados en Monte Albán. Este descubrimiento aporta nuevas pistas sobre el desarrollo político, religioso y artístico de los zapotecas, una de las civilizaciones más influyentes del México prehispánico, y abre nuevas líneas de investigación sobre su relación con la muerte y el poder.
Foto ilustrativa
xmh