Si no ocurre un giro de último minuto, este jueves llegará a su fin el Nuevo START, el último acuerdo vigente entre Estados Unidos y Rusia para limitar el despliegue de armas nucleares estratégicas. Con su vencimiento, desaparece el único marco legal que contenía, al menos en el papel, la carrera armamentista entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.
El tratado, firmado en 2010 y heredero de una larga cadena de pactos surgidos en plena Guerra Fría, establecía topes claros: un máximo de mil 550 ojivas nucleares desplegadas por país y límites en el número de misiles, lanzadores y bombarderos pesados. Aunque esas cifras siguen siendo suficientes para provocar una catástrofe global, representaban una reducción significativa frente a acuerdos previos.
La expiración del Nuevo START ocurre en un escenario internacional marcado por conflictos abiertos, tensiones diplomáticas y una creciente desconfianza entre bloques. Para analistas en temas de seguridad, la ausencia de reglas claras aumenta el riesgo de proliferación nuclear y reduce los mecanismos de verificación que, durante años, sirvieron para evitar malentendidos peligrosos.
En septiembre pasado, el presidente ruso, Vladimir Putin, planteó públicamente la posibilidad de extender el tratado por un año. Poco después, su contraparte estadounidense, Donald Trump, calificó la idea como “buena”, pero desde entonces no se registraron avances formales. La falta de seguimiento alimentó la percepción de que el acuerdo quedó atrapado en el desgaste político entre ambas capitales.
Las señales desde Washington han sido contradictorias. Mientras en julio Trump advertía que eliminar las restricciones nucleares representaba un problema para todo el mundo, meses después sorprendió al sugerir la reanudación de pruebas nucleares, algo que Estados Unidos no realiza desde hace más de 30 años. Aunque no está claro si esa propuesta se materializará, el solo planteamiento encendió alertas entre especialistas.
Desde la Casa Blanca, funcionarios han señalado que uno de los intereses de Trump sería imponer límites más amplios e incluir a China en futuras negociaciones de control armamentista. El problema es que ese objetivo nunca se tradujo en una hoja de ruta concreta, y el reloj del tratado siguió avanzando.
Para expertos como Jon Wolfsthal, director de riesgo global de la Federación de Científicos Estadounidenses, la extensión del Nuevo START pudo resolverse con una llamada telefónica entre ambos mandatarios. Wolfsthal, además, participa en el Reloj del Juicio Final, un indicador simbólico que mide qué tan cerca está la humanidad de una destrucción global. Recientemente, el reloj se adelantó, en parte, por la desaparición de este acuerdo.
Desde Moscú, algunas voces consideran que el tratado ya estaba muerto desde antes. En 2023, Rusia suspendió su participación en las inspecciones internacionales, en respuesta al deterioro de las relaciones con Estados Unidos tras la invasión a Ucrania. Analistas militares rusos han señalado que el Nuevo START se había convertido en una “formalidad vacía”.
Otros especialistas sostienen que Rusia observará con cautela los movimientos de Washington. Si Estados Unidos incrementa su arsenal nuclear, Moscú podría responder en consecuencia; si no, la estrategia sería esperar y no escalar de inmediato.
Un factor clave en este tablero es China. Aunque su arsenal nuclear es menor que el de Estados Unidos y Rusia, su crecimiento ha sido constante. Además, otras potencias como Francia y Reino Unido mantienen armas nucleares, mientras que países como India, Pakistán, Israel y Corea del Norte permanecen fuera de los principales acuerdos internacionales.
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