Nueva York, Estados Unidos.— La guerra con Irán y el aumento en los precios de la gasolina han complicado el panorama electoral para el Partido Republicano rumbo a las elecciones intermedias en Estados Unidos, al grado de que algunos de sus dirigentes reconocen en privado un escenario adverso en la disputa por el control del Congreso.
A un año y medio de haber recuperado la Casa Blanca con la promesa de reducir costos y alejar al país de nuevos conflictos, Donald Trump enfrenta ahora un contexto marcado por la guerra, el encarecimiento de la energía y crecientes tensiones dentro de su propio partido. La situación ha encendido alertas entre estrategas republicanos cuando faltan alrededor de seis meses para que comiencen a emitirse los primeros votos en unos comicios que definirán el control de la Cámara de Representantes, el Senado y varias gubernaturas clave.
Neil Newhouse, encuestador veterano del Partido Republicano, resumió el momento con pesimismo al anunciar que noviembre se perfila complicado. Según su evaluación, la ventaja que necesitaban para conservar la Cámara y el Senado se está debilitando en un momento particularmente delicado para el partido.
El giro político ha sido profundo. Hace apenas un año, muchos líderes republicanos confiaban en mantener su estrecha mayoría en la Cámara de Representantes y en retener sin mayores dificultades el Senado. Hoy, de acuerdo con la nota, algunos admiten en privado que la Cámara está prácticamente perdida y que los demócratas tienen posibilidades reales de arrebatarles también el control del Senado.
A esto se suma la dificultad de construir un mensaje unificado sobre la guerra con Irán. El Comité Nacional Republicano ha evitado colocar el conflicto en el centro de sus líneas discursivas del último mes, mientras que los comités de campaña del partido en la Cámara y el Senado rechazaron entrevistas sobre el tema. En paralelo, numerosos candidatos republicanos en posiciones vulnerables han optado por esquivar públicamente la discusión, sin atreverse ni a respaldar ni a cuestionar abiertamente al presidente.
Trump mantiene, sin embargo, un respaldo sólido entre la base republicana. Entre sus defensores se encuentra el senador Lindsey Graham, quien elogió el mensaje que el mandatario ofreció el miércoles por la noche desde la Casa Blanca y mostró que presentó una ruta clara para el país.
Pero no todos dentro del partido comparten esa visión. La exrepresentante Marjorie Taylor Greene, quien durante años fue una de las aliadas más visibles de Trump en el Congreso, criticó con dureza la postura del presidente sobre Irán y lamentó que su discurso se centrara en la guerra en lugar de ofrecer soluciones para reducir el costo de vida de los estadounidenses.
El discurso de Trump, transmitido en horario estelar, llegó después de más de un mes de ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. En su mensaje, el mandatario sostuvo que la guerra estaba cerca de cumplir sus objetivos, aunque al mismo tiempo anticipó nuevas ofensivas durante las siguientes semanas. Esa mezcla de mensajes, entre el cierre y la prolongación del conflicto, dejó a muchos ciudadanos sin respuestas claras sobre el rumbo de la intervención.
Hasta ahora, el costo humano y financiero del conflicto también pesa en el debate interno. Según el texto, al menos 13 integrantes del servicio militar estadounidense han muerto, cientos han resultado heridos, millas de soldados adicionales han sido desplegados en la región y el Pentágono ha solicitado 200 mil millones de dólares adicionales para financiar la operación.
En el terreno económico, el conflicto tampoco ha dado tregua. El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, permanece cerrado. En ese contexto, el precio promedio del galón de gasolina en Estados Unidos llegó el jueves a 4,08 dólares, casi un dólar por encima del nivel registrado al finalizar la presidencia de Joe Biden.
Trump aseguró que los precios de la gasolina bajarán rápidamente una vez que termine la guerra, aunque no presentó una estrategia concreta para reabrir el estrecho de Ormuz. En cambio, sugirió que los aliados escépticos de Washington podrían encargarse por sí mismos de esa tarea. Aun así, insistió en que el conflicto representa una inversión para el futuro de Estados Unidos y de las próximas generaciones.
El factor tiempo aparece como uno de los mayores riesgos para la Casa Blanca. Una encuesta de AP-NORC realizada en marzo mostró que cerca de seis de cada diez adultos en Estados Unidos consideran que la acción militar contra Irán ha ido demasiado lejos. Apenas alrededor de un tercio aprueba la forma en que Trump ha manejado el tema iraní en general.
La posibilidad de un mayor involucramiento militar también enfrenta rechazo. Según el mismo sondeo, alrededor de seis de cada diez adultos se oponen en alguna medida al despliegue de tropas estadounidenses en territorio iraní, incluyendo a casi la mitad de los republicanos. Solo cerca de uno de cada diez se manifestó a favor de enviar fuerzas terrestres.
En términos generales, la aprobación del presidente tampoco muestra fortaleza. Aproximadamente cuatro de cada diez estadounidenses aprueban su gestión, un nivel que, según la nota, se ha mantenido relativamente constante durante su segundo mandato.
El estratega republicano Ari Fleischer, exasesor de George W. Bush, reconoció que Trump no ha conseguido el impulso político que Bush obtuvo tras la invasión a Irak en 2003. Recordó que en aquel momento la popularidad presidencial y los mercados repuntaron inicialmente, aunque con el tiempo el apoyo se erosionó a medida que la guerra se prolongó y el ánimo público cambió.
Desde su perspectiva, el presidente necesita una victoria rápida y clara para evitar un desgaste político mayor. Fleischer consideró que incluso podría existir un beneficio político importante si el conflicto termina bien, baja el precio del petróleo y los mercados mejoran, aunque advirtió que lo decisivo no serán las palabras del presidente, sino los resultados concretos de su estrategia.
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Foto: Especial
Djs