La presencia del gusano barrenador del ganado (GBG) dejó de ser un problema exclusivo del sur y sureste de México. Al corte del 2 de enero, el país registraba 692 casos activos, con nuevos brotes confirmados en entidades del centro y norte, lo que marca un giro en el comportamiento de esta plaga que durante años se mantuvo focalizada en regiones específicas.
Los datos oficiales muestran que Oaxaca, Veracruz, Yucatán y Chiapas concentran el mayor número de casos activos, con cifras que superan, en conjunto, la mitad del total nacional. Sin embargo, la aparición de infecciones en estados como Tamaulipas, Estado de México, Michoacán, Morelos y San Luis Potosí evidencia una expansión territorial que no se había documentado desde el inicio del brote actual.
El impacto del gusano barrenador se mantiene principalmente en el sector ganadero. Los bovinos son la especie más afectada, seguidos por perros, caballos y cerdos, aunque también se han detectado casos en ovinos, caprinos e incluso aves. Esta diversidad de especies afectadas complica la contención, ya que el parásito puede desarrollarse en cualquier herida abierta, sin importar el tipo de animal.
El reciente caso confirmado en Villa Madero, Michoacán, encendió alertas en la región. Se trata del primer registro oficial en la entidad, validado tras la revisión sanitaria correspondiente. Aunque se reporta como un evento aislado, su sola detección amplía el mapa de riesgo y refuerza la preocupación entre productores, quienes observan cómo la plaga se acerca a zonas donde no existía antecedente reciente.
Especialistas señalan que el gusano barrenador —larva de una mosca que deposita sus huevos en heridas— puede provocar daños severos si no se detecta a tiempo, incluyendo infecciones profundas, pérdida de peso e incluso la muerte del animal. Su control requiere atención inmediata, revisión constante del ganado y notificación temprana, prácticas que no siempre se cumplen de manera uniforme en todo el país.
Aunque las autoridades sanitarias han intensificado acciones como la instalación de trampas, recorridos de vigilancia y capacitación a ganaderos, la dispersión registrada a inicios de 2026 sugiere que las medidas no han sido suficientes para frenar su avance. La movilidad de animales, el comercio informal y la falta de detección oportuna en comunidades rurales son factores que suelen facilitar la propagación.
La situación coloca al sector pecuario en un escenario de mayor presión sanitaria, especialmente en regiones donde la ganadería es una actividad clave para la economía local.
Foto ilustrativa
xmh