En Uruguay, la muerte de abejas en múltiples colmenas agrícolas ha encendido alertas entre apicultores y autoridades ambientales. Este fenómeno, que afecta tanto la producción de miel como la polinización de cultivos, mantiene en vilo a productores de varias regiones del país mientras se busca determinar la causa exacta.
Desde mediados de noviembre, unos 60 productores han reportado la pérdida de más de 11,500 colmenas en zonas del sur y litoral uruguayo, un hecho que podría tener repercusiones directas en la economía apícola y en el ecosistema local.
Para los expertos, no hay dudas sobre la naturaleza de la mortandad. Estela Santos, entomóloga de la universidad estatal, afirmó que “las características del fenómeno y los análisis preliminares descartan enfermedades, por lo que todo indica que se trata de un producto químico aplicado en el entorno agrícola cercano a las colmenas”.
El presidente de la Sociedad Apícola Uruguaya (SAU), Jihmy Fiorelli, coincidió con la especialista y agregó que la situación no solo afecta a los productores, sino que representa un riesgo para la polinización, un elemento crucial para la agricultura nacional. “Estamos frente a una grave pérdida que impacta al país en general”, señaló.
Autoridades investigan el origen
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental ya analizan muestras de las colmenas afectadas. Según Alejandro Nario, director de la entidad ambiental, el tipo de mortandad es inusual porque las abejas murieron dentro de las colmenas y no sobre los cultivos, lo que complica la identificación del producto responsable.
Las autoridades informaron que algunas muestras serán enviadas al extranjero para determinar el principio activo de los químicos involucrados. El objetivo es también evaluar si otros polinizadores silvestres pudieron verse afectados y establecer medidas de prevención para futuras aplicaciones de plaguicidas.
Consecuencias económicas y ecológicas
Uruguay cuenta con 585,000 colmenas, administradas por 2,183 apicultores, y en 2024 la producción de miel alcanzó 11,300 toneladas, de las cuales aproximadamente 90% se exportó, principalmente a Estados Unidos.
La mortandad de abejas amenaza no solo la producción de miel, sino también la salud de los ecosistemas agrícolas, pues la polinización es vital para frutales y otros cultivos que dependen directamente de estos insectos.
Mientras se esperan los resultados de laboratorio, los apicultores continúan documentando las pérdidas y piden respuestas rápidas. Los especialistas coinciden en que la situación pone de relieve la necesidad de un manejo más seguro de agroquímicos, así como un monitoreo más riguroso de su impacto ambiental.
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foto ilustrativa
xmh