Quettámetros de dignidad nacional en el Monumento a la Revolución

Por claudia , 30 Mayo 2026
Sumario
Mientras Sheinbaum hable en el Monumento a la Revolución para cohesionar al nacionalismo infinito de México, el extranjero observará y entenderá: mejor no insistir en su injerencia
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Claudia Sheinbaum, licenciada en física, sabrá a la perfección en términos estrictamente numéricos lo que es un quettámetro. Lo pensé cuando leí en internet sobre la existencia de esta unidad de medida —sí, el quettámetro o Qm, la escala más grande que la gente de ciencia ha desarrollado hasta hoy, patrimonio casi monopolizado por la astrofísica—.

Supe ayer que este patrón de medición se oficializó en 2022 durante la Conferencia General de Pesas y Medidas, con sede en París, Francia. Llegué a tal información por casualidad. Buscaba el nombre, que había olvidado, de un físico que también es poeta: Carlo Rovelli.

Pensé que solo un experto en física con sensibilidad poética podía explicar, en palabras comprensibles para personas no dedicadas a la ciencia, la belleza que hay en lo que no podemos ver sin ayuda de grandes avances tecnológicos, pero sí medir gracias precisamente al desarrollo de instrumentos científicos que caen en la categoría de lo maravilloso.

Alguien dirá que pude haber recurrido, más que al físico Rovelli, al matemático y lógico Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas. Pero sin negarle genialidad literaria ni científica a este hombre brillante que fue profesor de Oxford, creo que él en su famosísima novela no pretendía explicar ninguna realidad, sino nada más crear acertijos y distorsiones del lenguaje que no tienen sentido, aunque merezcan el calificativo de obra maestra.

De Rovelli encontré esta frase: “Aquí, en el límite de lo que sabemos, en contacto con el océano de lo desconocido, resplandecen el misterio y la belleza del mundo. Y es algo que deja sin aliento”.

Desconocido no significa necesariamente inexistente. Ahí está, pensamos, aunque no lo veamos con las herramientas que tenemos; pero no se descarta que con nuevos telescopios algún día alcancemos a percibirlo y, por ese motivo, a cuantificarlo.

En eso andaba cuando leí en algún lado sobre el quettámetro: “Todo el universo observable cabe en un quettámetro... y sobra un 12% de esa unidad de medida por si acaso, algún día, podemos observar más. Dado que ese universo conocido mide aproximadamente 0.88 quettámetros, si los telescopios del futuro lograran captar más espacio debido a la expansión de la luz, todavía nos quedaría exactamente un 12% de espacio libre (el 0.12 Qm restante) para llegar al límite del primer quettámetro”.

¿Pues qué tan grande es un Qm o quettámetro? ¿Cuántos metros tiene? Respuesta (fuente: internet): “Un quettámetro (1 Qm) equivale a un uno seguido de 30 ceros”. Esto es: 1,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000 metros.

Parece mucho: es mucho. Pero aprendí que el universo observable es todavía menor que eso. La maravilla está en que esa cantidad o una más grande —varios quettámetros o incluso todos los quettámetros posibles— caben en la mente humana, al menos en la de la gente genial.

Yo no puedo imaginar algo así; supongo que una estudiosa de la física como la presidenta Sheinbaum sí puede comprender esas magnitudes colosales.

No creo que ella haya dejado de actualizarse en temas científicos, impulsada no solo por el amor al conocimiento —el romance más duradero que existe, el único que jamás muere—, sino porque los hábitos intelectuales que exige la ciencia resultan absolutamente invaluables ante los desafíos de la política en tiempos históricos.

Nada ayuda más a encarar dificultades tan profundas, como la soberanía amenazada, que el rigor, la disciplina y el método necesarios para estudiar las realidades físicas. El liderazgo frente a presiones y ataques externos se ejerce con mayor eficacia cuando se ha aprendido a analizar los hechos con la exigencia intelectual propia de la ciencia que ella estudió en la UNAM.

¿Cuánta dignidad nacional cabe alrededor del Monumento a la Revolución y en otras 31 plazas públicas en todas las capitales del país? Respuesta: Cabe fácilmente un quettámetro de dignidad patriótica…, o muchos, inclusive todos los imaginables.

México, en su historia de resistencia frente a agresiones extranjeras —tristemente alentadas por la traición interna—, ha demostrado que el patriotismo en defensa de la soberanía es infinito, más grande que cualquier realidad conocida o por conocer.

Mientras Sheinbaum hable mañana en el Monumento a la Revolución para cohesionar al nacionalismo infinito que caracteriza a México, el extranjero observará y entenderá que algo tan enorme no puede ser simple y sencillamente atacado sin consecuencias negativas para el agresor; sobre todo porque sus aliados internos, frente a la magnitud del patriotismo de un pueblo que no se va a dejar, miden apenas milímetros.

Así de insignificantes son Maru Campos, el PAN, el PRI, columnistas como Fernández Menéndez, el diario Reforma, TV Azteca y toda esa deslealtad que inevitablemente irá, como se dice siempre en estos casos, al basurero de la historia, al lado de quienes trajeron en el siglo XIX a un Maximiliano que al final fue derrotado, humillado y jamás perdonado.

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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias

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