Una nueva escalada en las tensiones entre Estados Unidos y Cuba se hizo pública este domingo, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que la isla dejará de recibir petróleo y apoyo financiero de Venezuela, tras la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro y el cambio de control de recursos en ese país.
En una serie de publicaciones en su red social Truth Social, Trump aseguró que durante años Cuba “vivió” gracias al crudo venezolano y dinero proveniente de Caracas, que, según él, se intercambiaban por “servicios de seguridad” al gobierno de Maduro y su antecesor Hugo Chávez. Aunque sus declaraciones no detallaron acciones específicas ni fechas, enfatizó que “¡no habrá más petróleo ni dinero (de Venezuela) para Cuba!”, y urgió a La Habana a “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.
La declaración se produce en medio de un giro significativo en la política regional de Washington tras la captura del líder venezolano, operación que marcó una ruptura en el tradicional vínculo entre Caracas y La Habana. Trump también ha sugerido, en tono informal, que figuras como el secretario de Estado Marco Rubio podrían tener un papel en el futuro político de Cuba, aunque esto no forma parte de ninguna política oficial difundida.
Rechazo firme desde La Habana
La respuesta cubana no se hizo esperar. El canciller Bruno Rodríguez rechazó las amenazas a través de la plataforma X, señalando que “Cuba nunca ha recibido compensación monetaria o material por servicios de seguridad” y calificó las declaraciones de Trump como un intento de coerción. A diferencia de Estados Unidos, afirmó, Cuba no aplica “chantaje o coerción militar” a otros estados y tiene el derecho pleno de importar combustible sin interferencias.
Por su parte, el presidente cubano Miguel Díaz‑Canel se pronunció con dureza en la misma red social: “Nadie nos dicta qué hacer” y afirmó que su país es “libre, independiente y soberano”, además de que está preparado para “defender su patria hasta la última gota de sangre”.
La advertencia de Trump se da en un momento de tensiones renovadas en la región, con Estados Unidos marcando una postura más firme hacia gobiernos considerados adversarios. Cuba ha dependido históricamente del petróleo venezolano, especialmente desde acuerdos establecidos durante los gobiernos de Chávez y Maduro, algo que ahora se ve presionado por los cambios de poder en Caracas y las decisiones de Washington.
Aunque Trump no especificó qué tipo de medidas concretas seguirían si Cuba no accede a negociar, su mensaje deja abierta la posibilidad de nuevas acciones diplomáticas o económicas en un contexto donde la isla enfrenta retos energéticos significativos, incluida la búsqueda de fuentes alternas de combustible.
Analistas advierten que limitar el flujo de crudo y apoyo financiero podría agravar la ya delicada situación económica de Cuba, aunque su gobierno insiste en mantener soberanía total sobre sus decisiones. La tensión entre Washington y La Habana, que se remonta décadas atrás, se encuentra ahora en un punto crítico que podría redefinir las relaciones en el Caribe y América Latina en los próximos meses.
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xmh