Trump reaviva la tensión con la OTAN por su plan de controlar Groenlandia

Por diegoantonio , 10 Enero 2026
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La intención de Donald Trump de adquirir Groenlandia, incluso mediante el uso de la fuerza, ha generado alarma entre los aliados europeos y podría desencadenar una crisis dentro de la OTAN.
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Washington, Estados Unidos. – La intención del presidente estadounidense Donald Trump de obtener el control de Groenlandia ha reactivado un debate geopolítico de alto riesgo para la estabilidad de la OTAN. El mandatario ha insistido en que Estados Unidos debe “tomar” la isla, un territorio semiautónomo de Dinamarca con abundantes recursos minerales y ubicación estratégica en el Ártico.

Fuentes diplomáticas confirmaron que delegaciones de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia se reunieron en Washington para discutir una nueva propuesta de la Casa Blanca, que contempla desde negociaciones económicas hasta la posibilidad del uso de la fuerza militar.

"Vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no. Si no se hace de la manera fácil, lo haremos de la difícil", advirtió Trump, en declaraciones que reavivaron la preocupación entre los aliados europeos. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que una acción militar estadounidense contra la isla podría provocar una crisis existencial dentro de la OTAN, mientras que los líderes groenlandeses reiteraron su rechazo a integrarse a Estados Unidos.

Un posible conflicto dentro de la OTAN

Los especialistas consideran que un intento de anexión por la fuerza alteraría gravemente las relaciones globales. Imran Bayoumi, del Centro Scowcroft para Estrategia y Seguridad del Atlantic Council , explicó que el renovado interés de Washington responde a la falta de una estrategia clara hacia el Ártico, una región donde Rusia y China también buscan influencia.

“Estados Unidos reconoce que ha descuidado su posición en el Ártico durante décadas, y ahora intenta compensarlo sin una visión sólida”, afirmó Bayoumi.

Groenlandia, con apenas 57 mil habitantes y sin ejército propio, depende de la defensa danesa, que no podría igualar el poderío militar de Estados Unidos. Sin embargo, una agresión entre miembros de la OTAN —Dinamarca y Estados Unidos lo son— desencadenaría un dilema diplomático sin precedentes.

Frederiksen fue tajante: “Si Estados Unidos ataca militarmente a otro país miembro, todo se detiene”.

Trump ha justificado su interés en el territorio alegando razones de seguridad nacional ante supuestas amenazas rusas y chinas en la zona ártica. Pero la investigadora Lin Mortensgaard, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, descartó esos argumentos: “No existen buques rusos ni chinos operando cerca de Groenlandia; esa narrativa es política, no estratégica”.

Diplomacia o compra: la otra vía

Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio planteó ante legisladores que el gobierno prefiere adquirir la isla mediante un acuerdo de compra, aunque Dinamarca y Groenlandia han reiterado que el territorio “no está en venta”.

Washington podría intentar ampliar su presencia militar a través de pactos bilaterales y acuerdos de cooperación, similares a los Pactos de Libre Asociación que Estados Unidos mantiene con Micronesia, Palaos y las Islas Marshall. Dichos convenios otorgan a Washington control en materia de seguridad a cambio de apoyo económico y protección militar.

Aun así, los expertos advierten que una expansión militar no necesariamente reforzaría la seguridad estadounidense, ya que el país ya opera la Base Espacial Pituffik, en el noroeste de Groenlandia, bajo acuerdos de defensa vigentes desde 1951.

Obstáculos políticos y sociales

Los líderes groenlandeses, entre ellos la diputada Aaja Chemnitz, insisten en que su pueblo aspira a una mayor autonomía y, eventualmente, independencia, pero no a convertirse en territorio estadounidense. Ulrik Pram Gad, investigador del DIIS, considera que cualquier intento de influencia o presión fracasaría: "La comunidad es pequeña, con una identidad lingüística y cultural muy fuerte. No se dejará convencer fácilmente".

El gobierno danés denunció en agosto pasado que personas vinculadas a la administración Trump habrían realizado actividades de influencia en Groenlandia, lo que llevó al ministro de Exteriores Lars Løkke Rasmussen a convocar al embajador estadounidense en Copenhague.

Incluso si Washington lograra controlar el territorio, el costo sería altísimo. Los groenlandeses poseen ciudadanía danesa y gozan de servicios públicos gratuitos, desde educación hasta atención médica. “Trump tendría que construir para ellos el estado de bienestar que no ofrece a sus propios ciudadanos”, ironizó Gad.

Un asunto sin resolución próxima

Desde 1945, la presencia militar estadounidense en Groenlandia se ha reducido de 17 bases a una sola: la Base Pituffik, con alrededor de 200 soldados dedicados a la defensa antimisiles y la vigilancia espacial. Aun así, la isla conserva gran valor estratégico para la detección temprana de amenazas.

Los analistas consideran improbable una resolución próxima del conflicto. Según Gad, la cuestión de Groenlandia se ha convertido en una herramienta política para Trump: “Cuando necesita desviar la atención de los problemas internos, basta con pronunciar la palabra 'Groenlandia' para volver a dominar la agenda mediática”.

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