Durante décadas, las plataformas petroleras del Golfo de México funcionaron prácticamente aisladas del mundo digital. Una época en la que las comunicaciones dependían de radios y satélites que a veces hacían imposible reaccionar con la suficiente rapidez ante emergencias o aprovechar al máximo los datos generados.
Todo cambió entre 2024 y 2025, cuando llegaron las primeras redes 5G privadas y los nuevos cables de fibra óptica submarina, que conectan las instalaciones offshore con la costa y luego el resto del planeta. Pero, ¿esa conectividad en alta mar ya es tan buena o incluso mejor que la de tierra firme? De eso se trata este artículo.
El gran salto hacia la costa ya llegó
Antes, las comunicaciones offshore estaban limitadas por la capacidad de las radios VHF y los ecos de la interferencia marina, después por redes 4G y satelitales de ancho de banda insuficiente.
Fue así hasta que hace poco más de un año, cuando Nokia y la empresa noruega Tampnet pusieron en funcionamiento la primera red 5G privada y completamente independiente en una plataforma mexicana en el Golfo.
Esto incluye la instalación de tecnología 5G de Nokia en las 120 bases activas de Tampnet, así como la extensión de la cobertura hacia 350-400 plataformas, torres de perforación, unidades flotantes de producción, almacenamiento y descarga, parques eólicos y embarcaciones.
Ya no se trata de compartir señal 4G con los celulares de la costa, sino de una red diseñada exclusivamente para la industria. El resultado es que la información viaja más rápido, algo que permite un mejor control de equipos a distancia y detección de anomalías.
Velocidad y latencia: lo que todos quieren saber
En las grandes ciudades y zonas industriales de México, la conexión promedio por cable ofrece unos 236 megas de velocidad de descarga y responde en menos de 10 milisegundos (lo que llaman latencia).
En el mar los números no son públicos, pero tratándose de redes 5G y de fibra óptica podría estar en el orden de los 250-1.000 megas de bajada, con respuestas que sin embargo podrían rondar los 50 milisegundos debido a lo submarino.
Si bien a alguien podría parecerle contra-intuitivo, la mayor velocidad no es suficiente: la diferencia de latencia todavía existe, sobre todo cuando hay mal tiempo, aunque se ha reducido al punto de que muchas operaciones críticas pueden correr como si fueran una de las tragamonedas con los porcentajes de RTP más altos.
Peces extraños: los cables en el fondo del mar
En 2025 entraron en servicio varios cables de fibra óptica en el Golfo. El más importante es el Gold Data 1, que va de Miami a Cancún y sigue hasta Querétaro y la Ciudad de México para totalizar 1.899 kilómetros. Se trata del primero en llegar a México en los últimos 22 años e implicará una inversión total de 150 millones de dólares.
Otro es MANTA, que parte de Veracruz y conecta con la Florida y varios países de Centro y Sudamérica e implica una inversión de 250 millones de dólares, mientras que en el Pacífico otros como el TMX-5 mejoran la conectividad entre la Baja California Sur y Sinaloa y establecen un lazo fundamental entre las ciudades de San José del Cabo y Mazatlán.
Aun cuando este artículo se trata de la conectividad en el Golfo, la realidad es que todos estos cables y los ya existentes forman una red más robusta y con menos retrasos que las configuraciones anteriores, por lo que son beneficiosos para todos, no solo para quienes están en Campeche y Tabasco.

Gemelos digitales y lo que será posible desde tierra
Gracias a la mayor velocidad, sobre todo en la medida de que la latencia continúe disminuyendo, será posible crear réplicas digitales completas más fieles de cada plataforma.
Así, los ingenieros en oficinas de Villahermosa o la Ciudad de México ven en tiempo real cómo se comporta cada pozo y están en condiciones de tomar decisiones sin subir a un helicóptero.
Además, se estima que esto reducirá significativamente las emisiones de carbono de las operaciones marinas, al mismo tiempo que ahorrará millones de pesos en viajes.
Fiabilidad en alta mar
La fiabilidad no se mide en un laboratorio: se forja en huracanes y tormentas como las que suelen azotar el Golfo. En tierra las conexiones funcionan prácticamente siempre (aunque en Puebla ha habido dificultades), mientras que en el agua la cuestión es más sensible, en parte por el mantenimiento en profundidad.
En esas circunstancias, la redundancia es esencial, por lo que ahora los operadores petroleros tienen la certeza de que cualquier inconveniente a nivel de la conexión por fibra puede ser subsanado por un sistema de respaldo compuesto de conexiones satelitales y de 5G.
Un mar en el que hay nuevo rumbo
El Golfo de México pasó de ser una zona casi aislada a contar con infraestructura de primer mundo. La conectividad offshore ya no es un lujo: es la base de operaciones más seguras, más rentables y también más ocupadas del medio ambiente.
Con desarrollos de este tipo, México demuestra que puede modernizar sus mares como si fueran ciudades, lo que da lugar a muchísimas nuevas oportunidades para la industria y todo el país.
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Foto Especial
ghl