Lo que antes era un ritual casi obligatorio en cada cena de Año Nuevo, ahora se está convirtiendo en un dilema para muchos mexicanos. Comer 12 uvas al dar la medianoche, símbolo de buenos deseos para el año entrante, podría representar un gasto considerable si se toma en cuenta el precio que alcanzan estas frutas durante diciembre.
De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el kilo de uva ya supera los 96 pesos en variedades como la uva blanca sin semilla, mientras que la uva Red Globe y la uva roja sin semilla rondan entre 81 y 85 pesos por kilo. En ciudades como Monterrey o Guadalajara, los costos pueden superar los 98 pesos, y si se busca fruta de mayor calidad, el precio puede llegar hasta los 150 pesos por kilo. Para una familia de cuatro personas, adquirir las 48 uvas necesarias puede representar un gasto significativo junto con otras compras decembrinas.
El aumento en los precios no es casual. La uva es un producto de temporada cuya demanda se dispara en diciembre. A esto se suman los costos de importación, transporte y refrigeración, además de estrategias comerciales que elevan los precios conforme se acerca la Nochevieja. El resultado es que una tradición que antes parecía sencilla, hoy se percibe como un lujo.
Entre los consumidores, las opiniones están divididas. Algunos consideran que ante el precio elevado, mejor optarán por pasitas o simplemente dejarán pasar la tradición. “Está muy cara, así que creo que este año me voy a saltar las uvas”, dijo una residente de la Ciudad de México. Otros, aunque conscientes del gasto, prefieren mantener el ritual, considerando que forma parte de la esencia de la celebración.
Los comerciantes también sienten el efecto. En mercados locales, la venta de uva ha disminuido respecto a años anteriores. “Antes se vendía más porque todos seguían la tradición, ahora la gente compra menos”, comenta un vendedor del centro de la capital.
foto ilustrativa
xmh