Durante mucho tiempo se pensó que la economía avanzaba en línea recta. Cuando llegaba una crisis, se esperaba que la recuperación alcanzara a todos y que, una vez retomado el crecimiento, los beneficios se repartirían de manera similar entre sectores, empresas y personas.
Hoy, esa idea ya no aplica. La tecnología avanza rápido y la forma de trabajar y hacer negocios cambió por completo.
Los caminos son distintos y cada empresa se adapta según su contexto y sus recursos, lo cual nos ayuda a entender por qué la inversión en forma de K empieza a influir en decisiones económicas, laborales y financieras con efectos de largo plazo. El crecimiento dejó de moverse como un solo bloque.
El origen del concepto y su vigencia actual
El concepto de la economía en forma de K ayuda a entender por qué dentro de un mismo entorno económico existen resultados muy distintos.
Mientras algunas actividades y personas avanzan y mejoran su situación, otras enfrentan dificultades para crecer o incluso retroceden, incluso dentro del mismo contexto y momento.
Lo importante es que esta separación no es pasajera ni aparece únicamente después de momentos de crisis. Forma parte de cómo funciona hoy la economía: cuando hay señales generales de crecimiento, las oportunidades no llegan de la misma manera a todos.
Esto sucede porque el acceso a recursos como inversión, tecnología, conocimiento y capacidad de adaptación no es igual. Quienes cuentan con ellos pueden responder mejor a los cambios y aprovechar las condiciones del entorno. Quienes no los tienen enfrentan obstáculos cada vez mayores.
Por esta razón, los indicadores económicos generales no muestran toda la realidad. Las cifras pueden ser positivas y aun así dejar fuera a amplios sectores.

Sectores que avanzan y sectores que se quedan atrás
La forma de K se hace visible cuando se observa el desempeño de distintos sectores. El crecimiento de algunos de estos sectores responde a ventajas concretas que influyen directamente en su desempeño.
El acceso a financiamiento permite invertir de forma constante en tecnología, procesos y capacitación. La automatización reduce costos, mejora la productividad y facilita operar a mayor escala. Además, la disponibilidad de talento especializado impulsa la innovación y acelera la toma de decisiones.
En otros sectores, estas condiciones no están presentes. La dependencia de procesos manuales eleva los costos y limita la eficiencia. La falta de crédito frena la modernización y obliga a operar con márgenes reducidos.
A esto se suma una menor oferta de personal capacitado, lo que dificulta adoptar nuevas herramientas o adaptarse a cambios en la demanda.
También influyen factores externos como la infraestructura y el entorno regulatorio. Cuando el acceso a conectividad, transporte o servicios básicos es limitado, la operación se vuelve más lenta y costosa.
Estas restricciones acumulan desventajas que explican por qué algunos sectores logran avanzar con mayor fuerza, mientras otros permanecen estancados pese a seguir activos en la economía.
La economía en forma de K deja de ser solo una cuestión de empresas y se convierte en un fenómeno territorial que influye en migración, consumo y desarrollo local.

El papel de la inteligencia artificial en la aceleración de la brecha
La inteligencia artificial ocupa un lugar central en esta dinámica. Su adopción ha permitido a muchas empresas aumentar la productividad, reducir costos y escalar operaciones con mayor rapidez.
Procesos que antes requerían grandes equipos ahora se apoyan en sistemas automatizados capaces de aprender y optimizar decisiones en tiempo real.
Este avance beneficia principalmente a empresas que ya cuentan con infraestructura tecnológica, datos de calidad y capital para invertir.
La IA potencia ventajas preexistentes. Las empresas que dominan estas herramientas pueden competir mejor, ofrecer productos más eficientes y adaptarse rápido a los cambios del mercado.
Al mismo tiempo, la IA plantea retos importantes para quienes no tienen acceso a estas tecnologías. La automatización transforma tareas, elimina ciertos puestos y exige nuevas habilidades.
Personas sin capacitación digital enfrentan mayores dificultades para integrarse a los empleos que crecen.
De esta manera, la inteligencia artificial no crea la economía en forma de K, pero sí acelera su profundidad y velocidad.

Impacto en el empleo y en los ingresos
Los empleos ligados a tecnología, manejo de información, ingeniería y gestión digital suelen ofrecer mejores salarios y mayor estabilidad. Son puestos que cambian con rapidez porque la innovación los impulsa de manera constante y las empresas dependen de ellos para mantenerse competitivas.
Al mismo tiempo, muchos trabajos tradicionales enfrentan mucha presión. Algunas tareas se sustituyen por sistemas automáticos que realizan las mismas funciones con menor costo y mayor rapidez.
En otros casos, los puestos continúan existiendo, pero los salarios dejan de crecer y el ingreso alcanza para menos. Cuando un empleo se basa en actividades repetitivas y no incorpora nuevas herramientas, aumenta el riesgo de perderlo.
La diferencia está en la capacidad de actualizar habilidades y adaptarse a los cambios del mercado laboral. Aprender de forma continua se vuelve clave para conservar un empleo o acceder a mejores oportunidades.
Este proceso también impacta en cómo se reparte el ingreso. Los mejores salarios se concentran en sectores que avanzan y se transforman, mientras muchas personas enfrentan ingresos estancados o inestables.
Empresas frente a un entorno económico fragmentado
El entorno actual obliga a las empresas a invertir más para seguir siendo relevantes. Los cambios en el mercado, en los hábitos de consumo y en la forma de operar avanzan con rapidez, y las organizaciones que destinan recursos a tecnología, capacitación y procesos flexibles pueden ajustarse mejor a esas transformaciones.
Cuando una empresa invierte en modernizar su operación, mejora su eficiencia, reduce errores y responde con mayor rapidez a sus clientes.
Estas mejoras fortalecen su posición y le permiten crecer incluso en escenarios inciertos. Además, contar con estructuras actualizadas facilita acceder a nuevas oportunidades y a fuentes de financiamiento más favorables.
En el otro extremo, las empresas que postergan la inversión enfrentan un desgaste progresivo. Operar con sistemas obsoletos eleva costos, limita la productividad y dificulta competir con organizaciones más ágiles.
Con el tiempo, esta falta de actualización reduce su capacidad para atraer clientes, talento y recursos financieros.
Las pequeñas y medianas empresas viven este dilema de forma intensa. Invertir implica un esfuerzo importante, pero no hacerlo acelera el riesgo de quedarse atrás. Por eso, muchas eligen avanzar poco a poco, priorizando áreas clave como administración, ventas o atención al cliente, con el objetivo de mantenerse vigentes en un entorno cada vez más exigente y complicado.

El papel de las decisiones públicas y privadas
Las decisiones de política económica también influyen en esta dinámica. La inversión en infraestructura digital, educación y conectividad puede reducir brechas.
Al mismo tiempo, políticas que incentiven la adopción tecnológica responsable ayudan a que más sectores participen del crecimiento.
En el ámbito privado, las decisiones de inversión definen el rumbo de muchas industrias. Apostar por tecnología, pero también por desarrollo de talento y condiciones laborales estables, contribuye a un crecimiento más equilibrado.
La economía en forma de K pone sobre la mesa la necesidad de pensar el desarrollo económico desde una perspectiva más amplia.
Esto también redefine la relación entre crecimiento y bienestar. Los indicadores tradicionales ya no bastan para evaluar el estado real de la economía. Es necesario observar cómo se distribuyen las oportunidades y qué tan accesibles son para distintos grupos.

La economía en forma de K se ha convertido en una herramienta útil para entender el presente. Explica por qué el crecimiento puede coexistir con desigualdad persistente y por qué la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, amplifica las diferencias existentes.
No es un concepto abstracto. Se refleja en el empleo, en los ingresos, en las empresas y en las decisiones diarias de millones de personas.
Comprender esta dinámica permite tomar mejores decisiones. Adaptarse, invertir en aprendizaje y tecnología, y promover entornos económicos más equilibrados son pasos necesarios para enfrentar este escenario.
En una época donde la innovación avanza rápido, pensar en finanzas sostenibles ayuda a construir un crecimiento que no dependa solo de la velocidad, y que más bien dependa de la capacidad de incluir a más personas en las oportunidades que genera la economía actual.
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Fotos Cortesía
clh