Venezuela registró este martes el ingreso de 300 millones de dólares correspondientes a la reciente venta de crudo gestionada bajo un esquema de comercialización controlado por Estados Unidos, según informó Delcy Rodríguez, presidenta interina del país caribeño. Este monto representa la parte inicial de un acuerdo valuado en 500 millones de dólares, pactado tras recientes cambios en la administración del sector petrolero venezolano.
Durante una intervención pública en Caracas, Rodríguez señaló que los recursos serán canalizados a través de la banca nacional y el Banco Central de Venezuela para apuntalar el mercado de divisas, uno de los segmentos más tensionados de la economía local. El objetivo declarado es proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, así como mitigar las distorsiones cambiarias que han caracterizado el último año.
Rapidez y tensiones en el mercado cambiario
La economía venezolana ha atravesado una fuerte inestabilidad monetaria, con un bolívar que ha perdido terreno frente al dólar en mercados paralelos y oficiales. Esto ha empujado a consumidores y empresas a dolarizar de facto buena parte de las transacciones cotidianas, ante la escasez de divisas y la elevada inflación que enfrenta el país.
El ingreso de estos primeros 300 millones busca precisamente bloquear parte de la presión sobre el tipo de cambio, incrementando la disponibilidad de divisas en el sistema financiero local. Según economistas consultados por agencias internacionales, la inyección de dólares podría aliviar temporalmente la volatilidad, aunque su impacto real dependerá del volumen de ventas futuras y de la velocidad con la que se materialicen.
Un acuerdo que surge de una nueva etapa
El pacto petrolero que desembocó en estas transferencias se firmó bajo supervisión estadounidense tras una serie de eventos políticos que incluyeron la captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos el pasado 3 de enero, así como la toma de control de la comercialización de crudo venezolano por parte de Washington. Desde entonces, la venta de petróleo ha seguido un esquema distinto al tradicional, con supervisión directa de las transacciones y depósitos de recursos en cuentas gestionadas en el exterior antes de su liberación a Caracas.
Analistas internacionales indican que este tipo de operaciones —junto con otros movimientos recientes como propuestas para reformar la legislación petrolera venezolana— buscan atraer algún nivel de inversión extranjera en el sector energético, aunque los detalles concretos sobre cómo se implementarán estos cambios aún son difusos y generan incertidumbre en los mercados.
Implicaciones para el sector energético
El acuerdo con Estados Unidos incluye la venta de millones de barriles de crudo que, de acuerdo con funcionarios estadounidenses, podrían colocarse en el mercado norteamericano a precios de mercado. Esto representa una ruptura con la estructura tradicional de exportaciones venezolanas, que antes de 2025 tenía a China como su principal comprador de petróleo, con grandes volúmenes desviados hacia ese continente.
Al mismo tiempo, esta nueva etapa enfrenta desafíos prácticos: el sector petrolero venezolano ha sufrido años de desgaste por falta de inversiones y sanciones internacionales, lo que ha afectado su capacidad de producción y exportación. Aunque compañías como Chevron han mantenido operaciones limitadas bajo licencias especiales, el flujo general de crudo hacia destinos tradicionales se ha visto alterado por estas tensiones políticas y económicas.
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