Desde que el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue detenido en una operación liderada por Estados Unidos a principios de enero de 2026, el flujo de embarcaciones asociadas al narcotráfico hacia ese país, especialmente en la cuenca del Caribe, ha disminuido de acuerdo con declaraciones recientes de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.
En su comparecencia, Rubio sostuvo que, tras la salida de Maduro del poder, las autoridades venezolanas interinas han empezado a cooperar con Washington para identificar embarcaciones que operan sin autorización, conocidas como la “flota fantasma”, vinculadas con redes de tráfico ilícito. Según describió, ese apoyo ha permitido interceptar al menos una de estas embarcaciones en las últimas semanas.
Rubio enfatizó que las operaciones antidrogas estadounidenses continúan tanto en el Pacífico oriental como en el Mar Caribe, aunque reconoció que estas misiones son consideradas controversiales por algunos sectores políticos. En su intervención, insistió en que la presión combinada con la cooperación internacional ha propiciado una reducción perceptible en el movimiento de narcolanchas desde Venezuela hacia otros destinos marítimos.
Postura oficial sobre intervención militar
Al ser cuestionado sobre la posibilidad de una intervención militar en Venezuela, Rubio descartó que Estados Unidos tenga planes de emprender una acción bélica terrestre o aérea contra ese país. Señaló que la administración de Donald Trump no está posicionada ni tiene intención de iniciar una ofensiva militar en territorio venezolano y afirmó que la presencia estadounidense se limita a actividades relacionadas con seguridad y apoyo logístico.
Sin embargo, el funcionario dijo que Washington se reserva la opción de usar la fuerza en situaciones de autodefensa, por ejemplo, si surgiera una amenaza directa contra fuerzas estadounidenses en la región, aunque enfatizó que este no es el escenario esperado mientras se consolida la transición venezolana.
Objetivos de la política estadounidense
Rubio explicó que la estrategia de Estados Unidos respecto a Venezuela se centra en tres fases: estabilización, recuperación y transición hacia un sistema democrático con elecciones libres y justas, en el marco de un país considerado “amigable, estable y próspero”. Durante su testimonio, el secretario de Estado añadió que la administración confía en que Venezuela avanzará favorablemente en un periodo de tres a nueve meses, aunque reconoció que aún quedan desafíos importantes.
Sobre el manejo de los ingresos petroleros venezolanos bajo sanciones, Rubio mencionó que la venta se está realizando a precio de mercado, y que aproximadamente 300 millones de dólares provenientes de esas ventas están siendo gestionados desde una cuenta administrada temporalmente por Estados Unidos con el objetivo de destinarlos a servicios básicos bajo supervisión norteamericana. Solicitó transparencia sobre estos recursos ante los senadores, comprometiéndose a compartir mayor información.
La intervención estadounidense en Venezuela, incluida la captura de Maduro y las operaciones contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico, ha generado reacciones encontradas en la comunidad internacional. Mientras la administración Trump y sus aliados describen estas acciones como una presión necesaria contra redes delictivas, críticos dentro y fuera de Estados Unidos señalan riesgos de escalada, cuestionan la legalidad de la operación y señalan que la estabilidad del país sudamericano aún enfrenta incertidumbres importantes.
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