Después de más de 40 años catalogado como especie en peligro de extinción, el panda gigante dejó oficialmente esa clasificación. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) informó que el Ailuropoda melanoleuca ahora será considerado una especie vulnerable, un cambio que refleja el aumento de su población y el impacto de diversas estrategias de conservación aplicadas principalmente en China.
De acuerdo con los datos más recientes, hoy existen cerca de mil 800 pandas en libertad y alrededor de 600 en cautiverio. Esta cifra representa un crecimiento aproximado del 17 por ciento en las poblaciones silvestres, un avance que no se había visto en décadas para este mamífero, cuyo símbolo se volvió sinónimo de la crisis ambiental global.
Entre las medidas que influyeron en este repunte se encuentra la recuperación de grandes extensiones de bosque de bambú, alimento esencial para la especie, así como la creación de más de 60 áreas naturales protegidas. Estas zonas permitieron reducir la fragmentación del hábitat, uno de los principales problemas que enfrentaba el panda al quedar aislado en pequeñas regiones montañosas.
Otro factor relevante fue la implementación de corredores biológicos, que conectaron poblaciones que antes no tenían contacto entre sí. Esto facilitó el intercambio genético y mejoró las tasas de reproducción. A la par, se desarrollaron técnicas científicas como bancos de germoplasma y métodos de reproducción asistida, utilizados como respaldo ante posibles caídas poblacionales.
Sin embargo, especialistas en conservación advierten que el cambio de categoría no significa que el panda esté fuera de peligro. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha señalado que el cambio climático podría reducir de forma considerable el hábitat adecuado para la especie, afectando hasta a un tercio de la población si no se toman medidas de largo plazo. El aumento de temperaturas y la alteración de los ecosistemas de bambú representan un riesgo constante.
También persiste la presión por proyectos de infraestructura, carreteras y desarrollos urbanos que pueden invadir zonas naturales. Organizaciones ambientales subrayan que el crecimiento económico no debería avanzar a costa de la destrucción ambiental, ya que los daños al ecosistema suelen ser irreversibles.
La UICN considera que el caso del panda puede servir como referencia para otras especies en riesgo, siempre y cuando las acciones de conservación se mantengan y no se relajen. El reto, coinciden expertos, es evitar la complacencia. El panda salió de la lista de peligro, pero el equilibrio ambiental que permitió su recuperación sigue siendo frágil y depende de las decisiones que se tomen hoy.
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xmh