Ciudad de México .— Los gobiernos de México y Estados Unidos alcanzaron un nuevo acuerdo para el envío de agua del Río Bravo a territorio estadounidense, en el marco del Tratado de Aguas de 1944 , compromiso que la administración de Donald Trump atribuyó directamente a la gestión del presidente estadunidense.
De acuerdo con el anuncio conjunto de los Departamentos de Agricultura y de Estado de Estados Unidos, el entendimiento fue resultado de la llamada telefónica sostenida la semana pasada entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Trump, en la que ambos mandatarios reiteraron su disposición para resolver los rezagos históricos en materia de gestión del agua y apoyar a las comunidades de ambos lados de la frontera.
En el acuerdo, el gobierno de Sheinbaum se comprometió a entregar un mínimo de 350 mil acres-pies de agua al año durante el actual ciclo quinquenal, con el objetivo de “brindar estabilidad a los productores agrícolas ya las comunidades rurales del Valle Bajo del Río Grande”, según el comunicado firmado por la secretaría de Agricultura, Brooke L. Rollins , y el secretario de Estado, Marco Rubio .
Además de esa dotación anual, México adquirió un plan detallado para liquidar la deuda hídrica pendiente acumulada en el ciclo anterior, lo que, de acuerdo con Washington, permitirá reforzar la seguridad en el suministro para agricultores, ganaderos y productores del sur de Texas que dependen de las aguas del Río Bravo.
“El 31 de enero, el Departamento de Agricultura y el Departamento de Estado de Estados Unidos acogieron con satisfacción un nuevo compromiso entre Estados Unidos y México que fortalece la implementación del Tratado de Aguas de 1944”, señala el documento, en el que se subraya que el acuerdo ofrece “mayor seguridad” a los beneficiarios del sector agrícola texano.
El comunicado destaca que el anuncio se produce tras la conversación telefónica entre Trump y Sheinbaum, en la que “ambos líderes reafirmaron su compromiso de resolver los antiguos desafíos en la gestión del agua y apoyar a las comunidades y productores de ambos lados de la frontera”.
Rollins calificó el entendimiento como un resultado directo de la “determinación del presidente Trump” para lograr acuerdos “justos y prácticos” en beneficio de la agricultura estadunidense y agradeció la colaboración de la presidenta Sheinbaum y del gobierno mexicano en este proceso. “El agua es el elemento vital de los agricultores y ganaderos que impulsan la economía agrícola del sur de Texas”, agregó.
Por su parte, Rubio sostuvo que, “bajo el liderazgo y la dirección del presidente Trump”, el Departamento de Estado, el Departamento de Agricultura y la Comisión Internacional de Límites y Aguas de Estados Unidos trabajaron para asegurar el compromiso de México de cumplir con sus obligaciones en el marco del tratado de 1944 y, al mismo tiempo, establecer una ruta para eliminar el déficit del ciclo anterior, fortaleciendo así la seguridad hídrica de las comunidades texanas y del sector agrícola del país.
El funcionario republicano presentó el acuerdo como “otro ejemplo” de los beneficios que, según la Casa Blanca, la administración Trump estaría generando para la población estadounidense en temas que van desde la inmigración ilegal y la lucha contra los cárteles hasta la modernización del comercio y la garantía de agua para los agricultores.
Como parte del entendimiento, ambos países acordaron celebrar reuniones mensuales para supervisar que las entregas de agua se realicen de manera puntual y constante, y para prevenir la generación de nuevos déficits en el futuro.
Del lado mexicano, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente , junto con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) , difundieron un comunicado conjunto en el que precisan que se acordó un “plan técnico” para la gestión del agua en la cuenca del Río Bravo, en un contexto de sequía extrema que impacta a la región.
“El plan establece una ruta clara conforme a los mecanismos previstos en el Tratado y es resultado de un trabajo técnico y político sostenido, con pleno respeto a la soberanía de ambos países, asegurando en todo momento el derecho humano al agua ya la alimentación para las comunidades en nuestro país”, señala el documento.
El gobierno mexicano confirmó su disposición a garantizar la entrega de una cantidad mínima anual previamente convenida, condicionada a la situación hidrológica de la cuenca ya los instrumentos contemplados en el Tratado de Aguas, al tiempo que reiteró que se dará prioridad al abastecimiento para el consumo humano y la producción agrícola en México.
Según la comunicación oficial, el acuerdo permitirá “fortalecer la gestión ordenada del recurso hídrico en la cuenca del Río Bravo” y avanzar hacia una planificación con mayor previsibilidad y responsabilidad compartida frente a los efectos de la sequía, incorporando obras de infraestructura y acciones de adaptación de largo plazo.
El Gobierno de México reafirmó finalmente su compromiso con el Tratado de Aguas de 1944 como un instrumento que salvaguarda los intereses nacionales y protege las actividades productivas y agrícolas en el territorio mexicano, en un escenario de presión creciente sobre los recursos hídricos de la frontera norte.
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