Gabriela Ortiz y los premios Grammy a sus obras Revolución Diamantina, Yanga y Dzonot

Por leticiam , 8 Febrero 2026
Sumario
La compositora mexicana Gabriela Ortiz Torres acaba ser reconocida con el “gramófono dorado”, destaca Héctor Palacio, que expone las obras Yanga y Dzonot.
Cuerpo de la Nota

Los premios Grammy tienen muchos años de haber adquirido un prestigio indiscutible en la denominada industria de la música. En particular, son muy famosos y celebrados en el campo de la música comercial (que puede llegar a ser popular) en sus categorías de Álbum del año, Grabación del año y Artista novel o revelación, que a la vez se dividen en muchas otras subcategorías; entre estas, la música clásica.

La compositora mexicana Gabriela Ortiz Torres acaba ser reconocida con el “gramófono dorado”, el trofeo que entrega el premio de la Academia Nacional de Grabación y Ciencias, con origen y sede en Estados Unidos, a los ganadores de las distintas categorías y subcategorías en juego, casi unas cien actualmente, y que por lo regular compiten a propuesta de las compañías de grabación ante la convocatoria del premio.

Una mañana hace pocos días, un estimado lector y amigo me envió un fragmento de la obra Yanga, de Ortiz –interpretada por el prestigiado ensamble de percusiones Tambuco y la Filarmónica de Los Ángeles–, comentándome el premio Grammy a dicha creación: “tienes que escribir al respecto”, me dijo. Y claro que sí, respondí sin duda, pues además de conocer el trabajo de la compositora, una de sus obras, la ópera Únicamente la verdad, me agrada bastante y forma parte de mi investigación de tesis de maestría en literatura mexicana contemporánea.

Nominada desde el 2025, en el evento de premiación del pasado 1º. de febrero, Ortiz Torres obtuvo tres galardones por dos producciones distintas: Yanga y Dzonot. De la primera, premio al Mejor Compendio de Música Clásica y Mejor Interpretación Coral; de la segunda, premio a la Mejor Composición de Música Clásica Contemporánea.

Yanga:

Yanga es una composición para coro, cuarteto de percusión y orquesta con texto de Santiago Martín Bermúdez. La obra fue comisionada por la Filarmónica de Los Ángeles para celebrar su centenario. Su estreno mundial fue realizado por Tambuco, Los Angeles Master Chorale y la Filarmónica de Los Ángeles, dirigidos por Gustavo Dudamel, en el Walt Disney Concert Hall el 27 de octubre de 2019.

La pieza se inspiró en la figura Gaspar Yanga, quien dirigió una colonia cimarrona de africanos esclavizados en las tierras altas cerca de Veracruz, durante las primeras décadas del dominio colonial español. Originalmente se concibió como una ópera para el Festival del Centro Histórico, un proyecto trunco debido a restricciones financieras. Bermúdez adaptó su libreto original y se convirtió en el texto principal de Yanga, además de contener líneas inspiradas en textos de origen congoleño. (Fuente: Wikipedia).

Yanga se divide en cuatro secciones rítmicas y lentas contrastantes… Una de las características más importantes de la obra es el uso de instrumentos africanos que llegaron a Latinoamérica, como el batás, los guiros, los shekeres y las cabasas, entre otros. Mi idea era añadir el color único de estos instrumentos a un discurso musical de mi mundo sonoro imaginario, sin intentar emular directamente los ritmos afrolatinoamericanos” (palabras de la compositora en el sitio de la Filarmónica de Los Ángeles).

Sin duda, los ecos, la presencia y probablemente la influencia de Silvestre Revueltas se revelan en Yanga. En su vigorosa y rica complejidad rítmica, en la instrumentación voluminosa, en el uso de los metales e instrumentos locales. Se expresan, por ejemplo, en Sensemayá, que también trata de la africanidad en Latinoamérica; una diferencia sustancial estriba en el uso del coro por parte de Ortiz, elemento que no empleó Revueltas. La de Ortiz es una composición vocal-coral, sin embargo, la de Revueltas, aunque puramente orquestal, suena coral. Por otro lado, el compositor no estuvo interesado en la ópera. Si prospera, Yanga será ocasión para una obra vibrante de Ortiz, su cuarta ópera.

Dzonot:

Dzonot (cenote en español) es un término utilizado únicamente en México, derivado de la palabra maya ‘dzonot’, que significa ‘abismo’. En la cultura maya, los cenotes se consideraban fuentes de la vida misma. También representaban entradas al inframundo o Xibalbá, un lugar sagrado donde reinaba la oscuridad, habitado por sombras, dioses y espíritus.

Dzonot es un concierto para violonchelo y orquesta inspirado en los cenotes de la península de Yucatán, que constituyen un intrincado y delicado sistema de ríos subterráneos y cuevas que requieren una cuidadosa conservación para proteger su biodiversidad y belleza natural. Además, los cenotes del sureste de México abastecen de agua potable a toda la región y en ellos se han encontrado restos antropológicos y paleontológicos” (Página oficial de la Filarmónica de Los Ángeles).

Fragmento I, “Luz vertical”, de belleza atmosférica, ambiental y aun melódica, un sumergirse en la profundidad cenital y “cenotal” que va gradualmente anegando la vista y el oído acuáticos; II, “El ojo del jaguar”, vuelve al vigor rítmico, mas no comparable al de Yanga; III, “Jade”, fusión y más fusión; IV, “El vuelo de Toh”, final. Cuatro movimientos descriptivos y sensibles que apelan cálidamente al escucha.

Pieza de íntima originalidad, en su composición se perciben claramente las fusiones de la música clásica europea con los ritmos y giros regionales latinoamericanos así como el uso de instrumentos que observan los colores y las variantes acuáticas y “selváticas”, las referencias auditivas de la geografía, la orografía y la fauna locales que sirven de “inspiración” a la autora de una vigorosa pieza de carácter moderno.

En cierto sentido, Yanga y Dzonot, se proyectan como un homenaje, como una presencia e influencia, como una vuelta –al menos como referencia histórica y estética– al nacionalismo musical mexicano (y latinoamericano) de las décadas tercera y cuarta al menos del siglo XX: Revueltas, Chávez, Villa-lobos, Fernández, Guarnieri, Ginastera… Vuelta quizá, mas revisada y alterada por el paso del tiempo y los recursos teóricos y prácticos de cien años después; ¿un neo-nacionalismo enriquecido por la temática y problemática social regional? Son obras vibrantes que atraen, que llaman en toda su concepción la atención de nuestros sentidos, pero no sólo al goce estético, también a la reflexión en simultáneo.

Revolución Diamantina

Un año antes, en 2025, Ortiz había obtenido tres premios el Grammy Latino por Revolución Diamantina: Mejor compendio clásico, Mejor interpretación orquestal, Mejor composición clásica contemporánea. La obra está “inspirada en la ‘Revolución diamantina’ de México de 2019, el levantamiento feminista en torno a la epidemia de violencia contra las mujeres en el país. El aumento de los feminicidios fue un catalizador para esta movilización y el nombre proviene de un evento durante el cual los manifestantes arrojaron purpurina rosa al jefe de policía de Ciudad de México, denunciando la falta de respuesta del departamento tras la violación de una mujer por parte de agentes locales” (Página de la Filarmónica de Los Ángeles).

Esta obra, con base en el polémico acontecimiento de 2019 en la Ciudad de México, forma parte del primer álbum completo de la compositora. Polémico porque si bien las protestas feministas han tenido razón de ser dadas las condiciones y estadísticas del feminicidio, por entonces no se consideraba, se quería ignorar o se negaba que hasta el 80% de la violencia contra la mujer proviene del entorno inmediato de la víctima (familiar y laboral), que en 2019 el gobierno en México había cambiado a un proyecto y programa de verdadera intención democrática (por tanto, acá el asesino ya no era el Estado), y que ciertos sectores del movimiento feminista se entregaban a raptos de violencia y destrucción dentro de las marchas. Y si se quería y si se quiere mitigar el problema, se tiene que partir del diagnóstico correcto para implementar las acciones correctas, no del discurso ideologizado, azuzado y/o patrocinado por la violencia; hoy las cifras están de lado de las acciones correctas con el descenso importante del feminicidio en México.

Pero en fin, independientemente de la reflexión crítica, Ortiz utilizó al parecer los elementos valiosos del movimiento feminista. El ballet, con la dramaturgia de Cristina Rivera Garza, está divido en seis partes o actos que van de lo vibrante de las manifestaciones y las marchas a ¿la sororidad?: I. Los sonidos que hacen los gatos; II. No nos amamos; III. Fronteras y cuerpos; IV. Decir lo indecible; V. Purpurina rosa; VI. Todas.

 

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Columna de Héctor Palacio en sdp noticias

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