En los últimos días, publicaciones en redes sociales han generado confusión sobre la llamada “Hora del Planeta”, al asegurar que se trata de un supuesto apagón nacional obligatorio. Sin embargo, la iniciativa dista mucho de ser una medida impuesta. Se trata, en realidad, de una acción simbólica y voluntaria que busca llamar la atención sobre el impacto del consumo energético en el medio ambiente.
La propuesta es impulsada por la organización ambiental World Wide Fund for Nature (WWF), la cual ha aclarado que no existe ninguna instrucción oficial para suspender el servicio eléctrico. Tampoco implica fallas en el sistema ni participación obligatoria de autoridades. La dinámica es simple: apagar luces y desconectar aparatos no esenciales durante una hora como una forma de reflexión colectiva.
Este movimiento surgió en 2007 en Sídney, Australia, cuando millones de personas decidieron apagar sus luces para expresar su preocupación por el cambio climático. Desde entonces, la iniciativa se ha extendido a nivel global, sumando la participación de ciudadanos, empresas e incluso gobiernos, aunque siempre bajo el principio de la voluntad individual.
Para este 2026, la Hora del Planeta en México está programada para el sábado 28 de marzo, de las 20:30 a las 21:30 horas. Durante ese lapso, se prevé que edificios emblemáticos y viviendas en distintas ciudades del país reduzcan su iluminación como parte del acto simbólico. No obstante, especialistas insisten en que no deben apagarse sistemas de seguridad, alumbrado público esencial ni equipos médicos.
Más allá del gesto, la organización promotora señala que el objetivo principal no es el ahorro inmediato de electricidad, sino generar conciencia sobre problemas más amplios como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de transitar hacia energías limpias.
En México, el enfoque de este año también pone sobre la mesa la conservación de ecosistemas locales, un tema relevante ante la presión que enfrentan diversas regiones por la urbanización, la deforestación y la sobreexplotación de recursos naturales. Aunque apagar una luz durante una hora no resuelve estos problemas, sí puede servir como un punto de partida para cuestionar hábitos de consumo.
La confusión en torno a un supuesto “apagón obligatorio” también ha sido desmentida por la propia WWF, que recalca que no hay sanciones ni consecuencias legales para quienes decidan no participar. A diferencia de cortes de energía reales registrados en otros países, esta iniciativa no tiene relación con fallas en el suministro.
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