Pekín, China.— China enfrenta una presión demográfica cada vez mayor en medio de la caída sostenida de su población , el desplome de los nacimientos y un cambio social que ha llevado a millones de personas, sobre todo jóvenes, a posponer o rechazar la idea de formar una familia. Lejos de revertirse, esta tendencia se ha profundizado pese a los esfuerzos del Gobierno por estimular la natalidad .
La población china cayó en 2025 por cuarto año consecutivo, mientras que la tasa de natalidad volvió a tocar un mínimo histórico. A ello se suma otro indicador clave: los matrimonios registrados en 2024 descendieron de forma importante, en una señal que refuerza la preocupación sobre el futuro demográfico del país.
El fenómeno no responde únicamente al envejecimiento de la población, sino también a una transformación profunda en las prioridades de los sectores más jóvenes. Cada vez más personas en China no consideran el matrimonio ni la paternidad como metas centrales de vida, en parte por el alto costo de criar hijos, la incertidumbre laboral, la dificultad de acceder a una vivienda y las exigencias económicas asociadas con la educación y el cuidado infantil.
A este escenario se añaden factores sociales y de género. En las grandes ciudades, muchas mujeres han expresado resistencia a asumir el costo profesional y personal de la maternidad , especialmente en un entorno donde persisten prácticas de discriminación laboral y fuertes expectativas tradicionales sobre el papel femenino dentro del hogar. Ese cambio de percepción ha debilitado aún más el interés por tener hijos, incluso después del fin de la política del hijo único .
La magnitud del problema también queda reflejada en los indicadores internacionales, que ubican a China entre los países con una fecundidad por debajo de 1.0 hijo por mujer , uno de los niveles más bajos del mundo y muy lejos del umbral necesario para el reemplazo generacional.
Frente a este panorama, Pekín ha puesto en marcha nuevas medidas para construir una sociedad más favorable a la natalidad . Entre ellas figuran apoyos al cuidado infantil, mejoras en la seguridad social y la cobertura total de los gastos médicos de parto dentro del sistema público a partir de 2026 , además de políticas orientadas a facilitar el embarazo, la crianza y la educación preescolar.
Sin embargo, distintos análisis advierten que estos incentivos podrían resultar insuficientes ante causas estructurales que van mucho más allá de los apoyos económicos. El costo de vida, la competencia laboral, la presión urbana y el cambio cultural entre las nuevas generaciones siguen pesando más que los estímulos oficiales, en un contexto donde la decisión de no tener hijos parece cada vez más arraigada.
Las consecuencias de esta tendencia son de largo alcance. Una menor cantidad de nacimientos implica una futura reducción de la fuerza laboral , mayor presión sobre los sistemas de pensiones y salud , y un crecimiento del número de adultos mayores que dependerán de una base más pequeña de trabajadores activos.
Así, el desafío demográfico se perfila como uno de los mayores riesgos para el futuro de China . Aunque el país mantiene su peso económico, industrial y geopolítico, la combinación de menos población , baja natalidad y una creciente falta de interés en tener hijos amenaza con convertirse en un obstáculo central para su desarrollo en las próximas décadas.
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Foto: Especial
Djs