La presión por alcanzar estándares de belleza cada vez más exigentes está influyendo en la decisión de muchas personas de someterse a procedimientos estéticos, un fenómeno que, de acuerdo con especialistas, no siempre responde únicamente a razones físicas, sino también a factores emocionales y sociales.
Así lo explicó Mariblanco Ramos Rocha, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien advirtió que detrás de la búsqueda de una “imagen ideal” pueden existir preocupaciones más profundas relacionadas con la autoestima, la percepción corporal y la influencia de las redes sociales.
En este contexto, la especialista subrayó que desde la primera consulta médica es fundamental identificar las motivaciones del paciente. No se trata solo de evaluar si existe una alteración física, sino de entender si el deseo de modificar el cuerpo está vinculado a una incomodidad real, a una presión externa o a una expectativa poco realista.
De acuerdo con Ramos Rocha, distintos estudios han documentado que cuando una persona presenta una carga emocional importante relacionada con su apariencia, suele tener expectativas más altas sobre los resultados de una cirugía. Sin embargo, advirtió que estos procedimientos no siempre resuelven el malestar de fondo, especialmente cuando está relacionado con factores psicológicos.
Uno de los puntos que más preocupa a especialistas es que un alto porcentaje de quienes buscan cirugías estéticas no presentan una condición médica que lo justifique. En ese sentido, se estima que entre el 75 y el 80 por ciento de los pacientes podría presentar algún grado de trastorno dismórfico corporal, una condición que implica una preocupación excesiva por supuestos defectos físicos que, en muchos casos, pasan desapercibidos para otras personas.
Este tipo de trastorno no solo afecta la percepción individual, sino que también puede estar relacionado con problemas como depresión, ansiedad o desánimo, además de la presión social por cumplir con ciertos estándares de belleza que predominan en plataformas digitales.
La académica también señaló que la normalización de estos procedimientos en redes sociales ha contribuido a que más personas consideren la cirugía estética como una solución inmediata, sin tener información completa sobre los riesgos o las implicaciones a largo plazo.
Ante este panorama, la UNAM destacó la importancia de que los profesionales de la salud actúen con responsabilidad. Esto implica ofrecer información clara, explicar posibles complicaciones y, en algunos casos, negarse a realizar la intervención si consideran que no es adecuada para el paciente.
Finalmente, la especialista insistió en que la decisión de someterse a una cirugía estética debe tomarse de manera informada y, de ser necesario, acompañarse de una valoración psicológica. El objetivo, señaló, no es solo modificar la apariencia, sino evitar que este tipo de procedimientos se conviertan en una respuesta a problemas emocionales que requieren otro tipo de atención.
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xmh