México.- Cuidar a la niñez es una exigencia moral que toca el corazón mismo del Evangelio. En cada niño se revela una dignidad inviolable que no depende de sus circunstancias, sino del amor con el que ha sido creado.
Por ello, la Iglesia ha insistido de manera constante en que la protección, formación y acompañamiento de los niños es una prioridad para todos. Quien acoge a un niño, acoge al mismo Cristo; quien descuida, hiere o abandona a un niño, traiciona esa presencia viva de Dios.
Los niños son sujetos de amor, cuidado y derechos que deben ser respetados en todo momento.
Las realidades que enfrentan muchos niños en México, como violencia, abandono, pobreza, o la fragmentación familiar, nos demandan el preguntarnos si realmente estamos cumpliendo con nuestra misión de protegerlos.
Como ha señalado el Arzobispo Primado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, en un video reciente a propósito del Día del Niño: “No podemos acostumbrarnos a que un niño sufra; cada uno de ellos es un regalo de Dios con el que debemos asumir nuestro compromiso”.
La familia sigue siendo el primer espacio donde se aprende a amar y a ser amado. Sin embargo, también la comunidad eclesial tiene un papel en acompañar, formar y proteger. Y esto implica generar ambientes seguros en parroquias, escuelas y espacios pastorales, además de formar conciencias que sepan reconocer y denunciar cualquier forma de abuso.
Cuidar a los niños también requiere el compromiso de escucharles, reconocer su voz y acompañar sus procesos. En resumen, requiere vivir el mandamiento del amor que Dios nos dejó.
Aprovechamos este espacio para reconocer y agradecer a todos los niños que participaron en el Encuentro Anual de Monaguillos de la Arquidiócesis de México que se realizó este sábado 2 de mayo. Su entrega generosa en el altar, su disposición para servir y su deseo de crecer en amistad con Jesús son un signo esperanzador para la Iglesia.
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