Ni en los peores tiempos de la capitulación del sector privado con el morenovallismo, el Consejo Coordinador Empresarial había tenido un dirigente tan abyecto al gobierno en turno.
Me refiero a Juan Pablo Cisneros, exdirigente de la Cámara Nacional de Comercio en Puebla.
Su prioridad es salir siempre en la foto, selfie e incluso si cualquiera trae un equipo de grabación, aunque no forme parte de los medios, Pablito le entra al protagonismo.
El problema de fondo es que es un dirigente lisonjero. Desde que sucedió en el cargo a Héctor Sánchez ni con el pétalo de una rosa emite crítica alguna hacia los gobiernos de Morena.
¿Qué le sabrán?

Lo cierto es que ahora el CCE se ha convertido en parte de la administración pública. Una paraestatal más.
Dicen algunos que en realidad a Juan Pablo Cisneros le dio embolia, pues no habla, no escucha y menos mira todas las quejas de los empresarios ante la inseguridad, el cobro de piso, la imposición de proyectos sin respaldo social y empresarial.
¿Alguna crítica al Cablebús?
Y cheque usted que en el pasado hubo más que cercanía con el poder. Humberto Ponce de León Ahumada (q.e.p.d) era dirigente del CCE y, a su vez, proveedor de las galletas del DIF estatal en tiempos de Mariano Piña Olaya, a quien los patrones censuraban y enfrentaban políticamente hablando.
Jorge Espina Reyes también fue líder del CCE en la época de Manuel Bartlett Díaz. Gracias a sus gestiones logró que diversos megaproyectos para la Angelópolis se quedaran en manos de poblanos por la vía del Consorcio Empresarial de Puebla para la Construcción.
En el momento de las definiciones políticas no le siguió él y toda la nomenclatura patronal, el juego a Bartlett lo que devino en el rompimiento.
Ahora Pablito es el más armentista del sector privado. Y nadie lo puede remediar.
clh