BUNIA, República Democrática del Congo.— Trabajadores de salud y organizaciones humanitarias en el este de la República Democrática del Congo advirtieron que necesitaban con urgencia más personal, insumos médicos y espacios de aislamiento para enfrentar un brote provocado por una cepa poco común relacionada con el ébola, en medio de una región afectada por la violencia armada, el desplazamiento masivo y una crisis humanitaria prolongada.
Hama Amado, coordinador de campo del grupo de ayuda Alima en Bunia, señaló que la situación es alarmante debido al avance del brote en distintas zonas. Según dijo, todavía no puede afirmarse que la emergencia esté bajo control, por lo que pidió una movilización amplia para contener la propagación del virus.
El brote está asociado con el virus Bundibugyo, para el cual no existe una vacuna ni un tratamiento específico disponible. De acuerdo con la información proporcionada, la enfermedad se expandió durante varias semanas sin ser detectada después de la primera muerte conocida, mientras las autoridades realizaban pruebas para identificar una cepa más común del ébola, conocida como Zaire.
Hasta ahora, las autoridades han informado 139 fallecimientos y cerca de 600 casos sospechosos. Sin embargo, especialistas y organizaciones de salud consideran que el alcance real podría ser mayor al registrado oficialmente. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que aún no se ha identificado al paciente cero, aunque mantiene como baja la amenaza de una propagación mundial.
La crisis sanitaria se ha extendido más allá de la provincia de Ituri, considerada el epicentro del brote. También se han confirmado casos en Kivu del Norte y dos en Uganda. El grupo rebelde M23, que controla zonas del este congoleño, informó además de un caso confirmado cerca de Bukavu, en Kivu del Sur, a unos 500 kilómetros al sur del foco principal. La persona contagiosa murió, según un comunicado del grupo.
El impacto del brote también ha tenido consecuencias fuera del ámbito sanitario. India y la Unión Africana pospusieron la Cumbre del Foro India-África, que estaba prevista para la próxima semana en Nueva Delhi, debido a la evolución de la situación de salud en algunas zonas del continente. Además, la selección de fútbol del Congo canceló un campamento de preparación de tres días rumbo al Mundial, así como una despedida programada con aficionados en Kinsasa.
Aunque casi 20 toneladas de ayuda fueron enviadas por vía aérea a Bunia, médicos en la zona han tenido que atender a pacientes sospechosos en salas generales por falta de espacios de aislamiento. Algunos trabajadores utilizan mascarillas desactualizadas, lo que refleja las limitaciones del sistema de salud local. La detección temprana del virus es considerada fundamental para salvar vidas, pero la infraestructura sanitaria y la vigilancia epidemiológica se han visto debilitadas por años de falta de financiamiento y recientes recortes a la ayuda internacional.
El doctor Lievin Bangali, coordinador superior de salud del Comité Internacional de Rescate en el país, indicó que las comunidades del este del Congo ya enfrentaban una presión extrema por el conflicto, el desplazamiento y el deterioro de los servicios médicos. La organización informó que durante el último año tuvo que suspender sus tareas de vigilancia en tres de cinco zonas de Ituri debido a la falta de recursos. Según la ONU, en esa provincia hay más de 920 mil personas desplazadas internamente.
En un centro de tratamiento en Rwampara, los familiares observaron entre lágrimas cómo trabajadores de salud, protegidos con equipo especial, desinfectaban cuerpos de presuntas víctimas de ébola antes de colocarlos en ataúdes para trasladarlos a sitios de entierro seguros. Algunos habitantes relataron que los síntomas aparecieron de forma repentina y fueron confundidos al inicio con otras enfermedades, como la malaria.
Botwine Swanze, quien perdió a su hijo, contó que el joven comenzó a quejarse de un fuerte dolor y después presentó sangrado y vómitos intensos. El virus del ébola se transmite entre personas por contacto con fluidos corporales como sangre, vómito o semen, y puede causar fiebre, diarrea, dolor muscular, vómitos y, en algunos casos, hemorragias internas y externas.
En Bunia, las escuelas y las iglesias continúan abiertas, mientras algunos residentes han comenzado a usar cubrebocas, cada vez más difícil de conseguir. Para habitantes como Justin Ndasi, la llegada del brote profundiza el sufrimiento de una población que ya enfrentaba una severa crisis de seguridad.
La presión sobre los centros médicos está aumentando. Médicos Sin Fronteras detectó posibles casos en el hospital Salama de Bunia, pero no encontró salas de aislamiento disponibles en la zona. Trish Newport, responsable del programa de emergencias, explicó que los centros contactados estaban llenos de casos sospechosos o no contaban con espacio suficiente, lo que evidencia el desorden y la saturación que enfrenta la respuesta sanitaria.
En el Hospital General de Bambú, los pacientes sospechosos de ébola compartían sala con otros enfermos. En Mongbwalu, donde fue trasladado el cuerpo de la primera víctima conocida, la frontera cercana con Uganda permanece abierta y las actividades de extracción de oro continúan, lo que dificulta aún más los trabajos de contención. En el Hospital General de Mongbwalu, el doctor Didier Pay informó que atendían a unos 30 pacientes con ébola, mientras que un estudiante del instituto local de tecnología médica murió el miércoles.
El doctor Richard Lokudu, director médico del hospital, alertó que los pacientes se encuentran dispersos y que el personal espera la instalación de áreas adecuadas de triaje y aislamiento. De no concretarse, advirtió, el centro podría quedar completamente rebasado.
La OMS declaró el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó preocupación por la magnitud y la rapidez de la epidemia, y advirtió que probablemente el número real de casos sea mucho mayor al informe oficial. El representante de la OMS en el Congo estimó que el brote podría prolongarse al menos dos meses, mientras continúan las investigaciones para determinar dónde y cuándo comenzó la transmisión.
Anaïs Legand, del programa de emergencias de la OMS, señaló que, por la magnitud de la crisis, se considera probable que el brote haya iniciado hace un par de meses. A su vez, el Centro MRC de Análisis de Enfermedades Infecciosas Globales, con sede en Londres, estimó que los contagios podrían estar subregistrados y que el total real ya podría superar los mil casos.
La inseguridad en la región representa otro obstáculo para la respuesta sanitaria. Ituri, donde se concentra el brote, ha sido escenario de ataques constantes de grupos armados. Líderes locales denunciaron que militantes vinculados al grupo extremista Estado Islámico mataron al menos a 17 personas el martes por la noche en la aldea de Alima. Combatientes de las Fuerzas Democráticas Aliadas atacaron a civiles con machetes y armas de fuego, incendiaron viviendas y negocios, y tomaron rehenes.
Además de las ADF, en la zona operación CODECO, una agrupación flexible de milicias. El analista de seguridad Ladd Serwat advirtió que, si el brote se extiende hacia zonas controladas por rebeldes, existe especial preocupación por posibles ataques oportunistas contra trabajadores médicos.