El avance de la inteligencia artificial (IA) en el sector salud ha abierto nuevas posibilidades para el análisis de enfermedades, especialmente en padecimientos cardiovasculares, donde la prevención juega un papel clave. Sin embargo, especialistas advierten que estas herramientas aún están lejos de predecir con exactitud eventos como un infarto.
En ese contexto, el cardiólogo Adolfo Chávez Mendoza, integrante del Grupo de Expertos en Hipertensión Arterial (GREHTA) y vinculado con la Sociedad Mexicana de Cardiología, explicó que la IA puede ser útil para evaluar riesgos, pero no para anticipar con precisión cuándo ocurrirá una emergencia cardiaca.
De acuerdo con el especialista, estas tecnologías funcionan a partir del análisis de grandes volúmenes de información médica para identificar patrones que ayuden a estimar la probabilidad de desarrollar enfermedades como infarto, evento cerebrovascular, insuficiencia cardiaca o complicaciones derivadas de la hipertensión arterial. Sin embargo, subrayó que su función es estadística y no predictiva.
El médico enfatizó que el concepto central es el riesgo cardiovascular, es decir, la posibilidad de que una persona desarrolle una enfermedad del corazón o de los vasos sanguíneos a lo largo del tiempo. En este sentido, la inteligencia artificial puede ayudar a integrar datos clínicos y generar estimaciones más rápidas, pero depende directamente de la calidad de la información disponible.
Uno de los principales retos, señaló, es que una gran parte de la población desconoce que vive con factores de riesgo. En México, cifras de la Secretaría de Salud estiman que alrededor de 30 millones de personas padecen hipertensión, aunque solo una fracción mantiene control adecuado de su presión arterial.
La hipertensión arterial es especialmente peligrosa porque en muchos casos no presenta síntomas en etapas tempranas. Esto provoca que numerosos pacientes no busquen atención médica o minimicen sus signos, atribuyendo la presión elevada a situaciones cotidianas como estrés o actividad física reciente.
El especialista explicó que la IA puede ser una herramienta de apoyo para organizar información como edad, peso, presión arterial, niveles de colesterol, diabetes, obesidad, tabaquismo, enfermedad renal y antecedentes familiares. La combinación de estos factores permite calcular el nivel de riesgo cardiovascular de una persona.
Por ejemplo, no representa el mismo riesgo un paciente con presión ligeramente elevada pero sin otros padecimientos, que otro con la misma cifra acompañado de diabetes, obesidad y consumo de tabaco. En estos casos, el riesgo se incrementa de forma significativa.
No obstante, Chávez Mendoza fue claro al señalar que la inteligencia artificial no sustituye la valoración médica. Su función, dijo, es apoyar la toma de decisiones clínicas y facilitar el análisis de datos, pero siempre dentro de un contexto profesional.
También recordó que los modelos para estimar riesgo cardiovascular no son nuevos en la medicina, ya que desde hace años existen tablas y escalas utilizadas por especialistas. La diferencia es que la IA permite procesar mayor cantidad de información en menos tiempo y con menor margen de error humano.
Sobre la posibilidad de que estas herramientas predigan con exactitud un infarto, el cardiólogo fue enfático al señalar que eso todavía no es posible. La IA trabaja con probabilidades, no con certezas, por lo que no puede indicar el momento exacto en el que ocurrirá un evento cardiaco.
Finalmente, el especialista insistió en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. La detección temprana, el control médico y los cambios en el estilo de vida continúan siendo fundamentales para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente en padecimientos silenciosos como la hipertensión.
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xmh