En 1695, mientras la vida del “Fénix de América” se consumía en el Claustro de San Jerónimo, en la Ciudad de México, nacía en Antequera, Oaxaca, Miguel Mateo Maldonado y Cabrera quien, 55 años más tarde, realizaría un retrato de la monja, “un monumento que erige ante nosotros el espacio de un rito: sor Juana aparece, se ofrece en espectáculo y se aleja”, describe Octavio Paz en Las trampas de la fe.