Y de repente, de la nada aparece un armatoste en la alcaldía Cuauhtémoc. Y otro, y otro. Son los patos tirándole a las escopetas. Las autoridades invadiendo el espacio público. El gobierno al servicio de la gobernante, no de las personas.
Alguien los ordenó. Alguien los pagó. Alguien los puso. Y nadie los quita.