El abanico en la antigüedad era un símbolo de estatus y poder, utilizado por faraones y nobles para sofocar el calor del desierto.
Los primeros abanicos eran rígidos, hechos de hojas de palma, plumas o papiro, y a menudo decorados con inscripciones y dibujos que narraban historias de dioses y héroes.
En la antigua China, los abanicos eran hojas de palma o plumas sujetas a un marco, y en Japón, el abanico plegable, conocido como "sensu", se convirtió en un símbolo de elegancia.
La complejidad de su elaboración y los ricos componentes involucrados en ella marfil, nácar, carey, madera, papel, tela, encajes, plumas, etc.; hacen de los abanicos objetos preciosos, pudiendo considerárseles en muchos casos verdaderas obras de arte.
Con la ola de calor que envuelve a México, las personas buscan la manera de refrescarse. En la Plaza Xicohténcatl, la venta de abanicos en puestos de artesanos ha mostrado un repunte durante los días recientes de altas temperaturas, donde transeúntes buscan opciones accesibles y sin consumo de energía para mitigar el calor.
Comerciantes señalan que, aunque su demanda ya no es como antes debido al uso de ventiladores eléctricos, los abanicos siguen teniendo presencia, sobre todo entre personas mayores o para actividades artísticas.
Su precio ronda entre los 20 y 25 pesos, lo que los mantiene como una alternativa económica en temporada de calor.
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LMR